CAPÍTULO 50: Under your influence

850 Palabras
DUKE En cuanto la sujeto con fuerza por las caderas, ella intensifica el beso, profundizándolo con esa lengua sucia que me vuelve loco… La misma que me hace despertar empalmado cada mañana, recordando lo que me hizo aquella noche. Deslizo las manos hasta su trasero y lo aprieto con ambas manos, arrancándole un jadeo que me incendia aún más. Llevo mi boca de sus labios a su oreja, la muerdo y la chupo con hambre voraz, sintiendo cómo se estremece en mis brazos. Y, joder… que Dios me ayude, porque solo quiero follármela aquí y ahora. —Este vestido me está volviendo loco… —murmuro entre dientes. —Duke… —susurra, temblando. La sujeto del trasero con una fuerza que busca dejarle marcas, y la llevo hasta un coche cercano. Su espalda choca contra el vidrio de una ventana mientras la aplasto contra mí con una desesperación brutal, como si necesitara fundirnos en uno. Se restriega contra mi p*lla como si fuera una perra en celo y me enloquece saber que me desea con la misma desesperación con la que yo la deseo. —No vuelvas a ponértelo delante de otros… —gruño contra su piel. —¿Eres muy posesivo, no?—dice con esa boquita insolente. —No sabes cuanto, nena. Una risa divertida escapa de sus labios antes de que su lengua se aventure por mi cuello; me muerde y tira de mi oreja con un descaro que me enciende. Pero… me estoy dejando llevar y eso me asusta. Quiere acostarse conmigo. Esta cosita hermosa me desea entre sus piernas, y aunque al principio eso infla mi ego, un torbellino de pensamientos me golpea de pronto—por la conversación con el Don— y me obliga a detenerme en seco. Busco sus ojos, sin saber qué expresión refleja mi rostro cuando digo: —Esto no… —Duke…—susurra. Lleva sus manos a mis hombros en una caricia que me eriza la piel, y luego las desliza hacia mi pecho, desabrochando los botones de mi camisa lentamente. Ella se concentra en lo que hace, pero llevo mi mano a su barbilla y la elevo, obligándola a mirarme de nuevo y, cuando nuestros ojos se encuentran, veo sus pupilas dilatadas y cómo muerde su labio inferior, llena de deseo. J*der… —Nena…—le digo, agarrándola de tal forma que esta vez le inmovilizo la cara—Mi autocontrol pende de un hilo… Ella traga saliva ante mi advertencia, pero su toque en la entrepierna me desafía disolviendo mi voluntad por apartarla. Siseo y la sujeto del pelo con un agarre casi agresivo acercando su cara hasta que nuestras narices están a punto de rozarse. Le susurro, grave y firme: —Dime ¿Quieres acostarte conmigo o quieres que te folle? Ella no lo duda ni un segundo: —Quiero que me folles… Ay, j*der. —Entonces me hundiré en tu hoyo sin piedad, Nena. Sin perder más tiempo, la arrastro por el pelo hacía el capó del coche y la acuesto, remango su vestido hasta la cintura alzando sus caderas en hacía mí y con fuerza le abro las piernas apretando sus muslos hacía abajo y dejándola abierta completamente para mí. La miro desde arriba: primero su rostro, después el resto de su cuerpo, y por último la curva húmeda entre sus muslos. Con la yema de los dedos trazo un camino sobre su monte de venus hasta abrir ligeramente uno de los pliegues de su c*ño. Lo observo con atención, recorriendo cada línea de su c*ño obsceso antes de volver a mirarla a la cara. Sus mejillas se han teñido de rojo y sus párpados caen, pesados por el deseo. Escupo sobre su c*ño y ella gime mientras que, de manera casi automática, aprieta sus muslos pero antes de que lo logre, la detengo y murmuro cerca de su oído, con tono firme: —Agarrate los muslos y mantén las piernas abiertas para mí. —Si, Duke…—le doy un golpecito en su c*ño y gime de manera desesperada. —Eres una chica buena…—restriegue sutilmente mi saliva y sus fluidos por su c*ño. Isabel respira con fuerza, rendida a mi dominio y eso hace que mi entrepierna se apriete más sobre mi cremallera dolorosamente. Ya no puedo aguantar más, me está volviendo loco. Abro el cinturón y me desabrocho los pantalones y los bajo con un tirón lo suficiente fuerte como para liberar la erección. Me la toco ligeramente en toda su longitud y me doy cuenta que no hace falta que la prepare para meterla, esta dura y mojada con el líquido preseminal…joder. En este punto, la distancia entre ambos se vuelve insoportable y sin más dilación, alineo la punta de mi p*lla a su centro y la meto con un movimiento certero de mi cadera. Su calor me acoge y su estrechez me arranca un gemido que no puedo contener. Me inclino más sobre su cuerpo y llevo mi entrepierna más al fondo de su interior arrancando un jadeo ahogado. —Dios, tu c*ño se estira muy bien para mí…
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