ISABEL
Algo en mi interior se retuerce y pierdo fuerza en las piernas cuando a mi cerebro le llega la información de que Duke me está besando.
Ese hombre peligroso y sexy me está besando…
El primer roce de nuestros labios es delicado, pero enseguida Duke abre la boca, profundizando el beso y exigiendo que lo siga.
Hasta en un beso logra darme órdenes…
Me lame los labios de manera sensual y, dejandome llevar por el momento, le muerdo el labio inferior haciendole soltar un gruñido bajo. Ante mi pequeña rebeldía, se vuelve más exigente y saquea mi boca con urgencia. Su mano se cierra con firmeza en mi nuca, en un gesto claramente posesivo, mientras que nuestras lenguas se buscan, se abrazan y se separan una y otra vez en una lucha húmeda que me roba el aliento.
Con una mano me atrae contra su cuerpo, y lo hace con tanta fuerza que es como si me chocara contra un muro de hormigón. Se frota contra mí y siento en el estómago cómo su erección se endurece.
¿Cómo se sentirá tenerlo dentro de mí? Parece que tiene buen tamaño…
El beso hambriento de Duke y la avalancha de pensamientos lascivos me encienden rápidamente sin poder evitarlo. Estoy tan mojada que las bragas me molestan.
J*der, ¿Cómo podemos pasar de pelear por nuestras vidas a devorarnos a besos?
Aprieto los muslos por la excitación, recordando aquella vez en la que, con solo una tarjeta y su muslo, me llevó al límite…Esa mirada arrogante y dominante me gusta más de lo que quiero admitir.
El beso se vuelve tan intenso que me falta el aire; mi cuerpo arde contra el suyo y la respiración se me corta. Intento apartarme ligeramente para coger aire, pero él me retiene: coloca una mano en mi barbilla y me inmoviliza la cabeza. Un gemido se escapa de mí y un calor profundo se enciende en el bajo vientre.
No puede ser…¿me estoy excitando por un beso?
Se separa un instante y, lame mi oreja con una lentitud dolorosa y sensual; un gemido más prolongado que el anterior reverbera en la celda.
Entonces un ruido seco proveniente del piso de arriba nos devuelve al presente.
Pongo las manos en su pecho y, al notar pasos cercanos, lo empujo suavemente para crear distancia.
—Duke… —susurro, empujándolo con firmeza.
Se resiste un instante; sus ojos negros y encendidos se clavan en mí, pero acaba cediendo, aunque se nota su molestia por tener que hacerlo. La puerta se abre de golpe y varios soldados entran en el sótano. Sebastián se adelanta, con el rostro descompuesto por la preocupación.
—¡Fratello! —exclama, casi corriendo hacia él—. Voy a llamar al doctor.—los ojos de Sebastián se abren como platos al ver el cuerpo del atacante en el suelo acuchillado salvajemente.
Sigo la dirección de su mirada y observo el cuerpo del hombre y no siento absolutamente nada. ¿Me estaré volviendo insensible, o es que, después de haber intentado matarme, ya no queda espacio para la compasión?
—Estoy bien… —murmura Duke, con la voz grave y áspera. Su mirada, sin embargo, no se despega de mí ni un instante.
Sebastián frunce el ceño, incrédulo.
—Otro en tu lugar ya estaría muerto, fratello —le espeta, la preocupación rompiendo en su tono. Se gira hacía mí y me mira de arriba a abajo—.¿Estás herida, Isabel?
Sus ojos recorren mis labios hinchados, y luego se posan en Duke, cargados de curiosidad. Percibo cómo se esfuerza por no sonreír.
—No. No te preocupes por mí…yo no estoy herida—me ruborizo ligeramente.
—Sebas, quiero saber quién es este hombre y quién lo envía —dice Duke—. Tenía un acento… ruso, o del Este de Europa. Pero lo más importante…quiero saber cómo c*jones ha logrado burlar mi seguridad y llegar al sótano.
—Me suena su cara…creo que lo he visto en algún sitio Fratello…¿Es un soldado nuestro de bajo rango?
—Luchaba demasiado bien para ser de bajo rango…J*der. ¿Es nuestro? Nunca lo había visto…
Duke frunce el ceño. Se toca el hombro, como si el dolor le obligara a sujetarlo. Creo que no se encuentra bien y está aguantando…
—Fratello deberías…
—¡No me digas lo que tengo que hacer, Sebastían!
De repente, me siento agotada; el subidón de adrenalina me ha dejado completamente ko. Un ligero mareo me recorre, y llevo una mano a la cabeza para sujetarla. Duke gira de nuevo hacia mí y me clava la mirada, los ojos desorbitados mostrando la preocupación que siente por mi estado de salud.
—Sebas, dile a Giovanni —el Doctor—que revise a Isabel.
—Pero tú deberías ser revisado primero…—digo subiendo el tono de voz—Tu hombro y la mano no están bien…
Mira hacia un lado y, pese a la tensión que recorre su cuerpo y al enfado evidente en su rostro, intenta suavizar la voz para responderme:
—Lo haré después…nena. Ahora tengo cosas más importantes que hacer…
Sebastián observa a Duke con interés antes de acercarse a mí para ayudarme a llegar a casa y subir a mi dormitorio.