Meses después. Alba caminaba con la mano en la cintura por el piso de aquel albergue en el cual la acogieron cuando, embarazada de Alex, no tenía en donde dormir. Sonrió con ilusión al momento que las personas que contrató cambiaban los endurecidos y viejos colchones por unos nuevos. —La gente que viene buscando donde dormir te lo agradecerán mucho —comentó la directora del albergue conmovida por aquel gesto. —No puedo olvidar que yo también fui una de esas personas —mencionó liberando un largo suspiro, entonces acarició su prominente vientre con ternura. —¿Cuándo nace tu bebé? —averiguó la mujer. —En tres semanas —respondió Alba esbozando una amplia sonrisa—. Son dos niñas —comentó. —Me da mucho gusto —mencionó la directora. —¿Qué nombre les piensan poner? —Las llamaremos Au

