4.¿Te interrumpo?

1054 Palabras
La mañana siguiente llega con una resaca moral peor que la física. El sol se cuela sin piedad por las cortinas de mi habitación, y mi celular vibra en la mesa de noche como si quisiera recordarme que la vida sigue, aunque yo no tenga ganas de enfrentarla. Me estiro para agarrarlo, esperando encontrar mensajes de mis amigas burlándose de lo que pasó anoche, pero en lugar de eso, hay uno que no esperaba. Un mensaje de Manson. Manson: "¿Llegaste bien?" La simplicidad de esas dos palabras me desarma. No hay nada romántico ni apasionado en ellas, pero el hecho de que me escribiera después de la conversación de anoche me deja confundida. ¿Le importa? ¿O simplemente está jugando conmigo como siempre? Respondo con un seco: "Sí, llegué. Gracias." Y dejo el celular boca abajo, como si ignorarlo pudiera alejarlo de mi cabeza. Mis pensamientos no duran mucho porque Julia y Carla llegan a mi departamento sin previo aviso, armando un alboroto mientras yo intento esconder mi caos interior. Julia, con su energía inagotable, se deja caer en mi sillón como si fuera suyo, mientras Carla saca café de la cocina como si viviera aquí. —¡Anoche fue una locura! —dice Julia, echando la cabeza hacia atrás mientras se ríe. —¿Y ese chico con el que estabas? ¿Slater? Mamita, está para el infarto. ¿Qué onda con él? Me encojo de hombros, tratando de restarle importancia, aunque su nombre me hace sonreír sin querer. —Nada. Lo conocí anoche. Es simpático, pero ya sabés cómo son esas cosas. —Mi respuesta es vaga, pero Julia no se da por vencida. —"Nada". Seguro. El chabón no te sacaba los ojos de encima. —Me mira con una ceja levantada, claramente disfrutando de molestarme. —Además, ¿cuándo vas a aprender a ir por los buenos tipos? Ese tiene toda la pinta de ser el que te lleva flores y no problemas. —A diferencia de otros… —interviene Carla, con un tono que no pasa desapercibido. Ambas me miran, y sé exactamente a quién se refieren. —Si están por darme el sermón de siempre, ahórrenselo. No estoy de humor. —Paso de ellas y me dirijo a la cocina, pero puedo sentir sus miradas quemándome la espalda. —Solo decimos que Manson no es bueno para vos, Emma. —La voz de Julia es más seria ahora. —Podés negarlo todo lo que quieras, pero cada vez que aparece, te desarmás. Y no sé cuánto más podés aguantar así. No respondo. No porque no tenga algo para decir, sino porque no quiero admitir que tienen razón. Esa tarde, mientras intento trabajar en algo remotamente productivo, mi celular vuelve a vibrar. Esta vez, no es un mensaje, sino una llamada. Y no es de Manson. Es de Slater. —Hola. —Mi voz suena insegura al contestar, pero él, como siempre, parece tranquilo. —Hola, Emma. ¿Te interrumpo? —Su tono es tan educado y calmado que casi me hace reír. Es un contraste tan grande con Manson que me siento incómoda. —No, para nada. ¿Qué pasa? —Me sorprendo a mí misma sonriendo mientras hablo. —Nada especial. Solo pensé en invitarte a tomar algo. Algo tranquilo. Sin música a todo volumen ni luces cegadoras. ¿Qué decís? La oferta es tentadora, pero también me da miedo. Slater es el tipo de persona con la que podría estar bien, alguien que no me arrastraría al caos. Pero esa misma seguridad me intimida. Estoy acostumbrada al descontrol, al vértigo. Y, además, Manson sigue rondando en mi cabeza. —¿Algo tranquilo? —repito, intentando ganar tiempo. —Sí, prometo no secuestrarte a un club clandestino ni a una carrera ilegal. —Bromea, y su risa me hace relajar un poco. —Está bien. —cedo, aunque no estoy segura de por qué. —Decime dónde y cuándo. Horas después, me encuentro sentada frente a Slater en una cafetería acogedora, de esas que parecen sacadas de una postal. Él está apoyado en la mesa, con su sonrisa fácil y sus ojos claros que me observan con una mezcla de curiosidad y diversión. Lleva una camisa azul que resalta su piel bronceada y el cabello despeinado, como si ni siquiera tuviera que esforzarse para lucir perfecto. —Entonces, contame algo de vos. —dice, inclinándose un poco hacia mí. —Algo que nadie más sepa. —¿Algo que nadie más sepa? —repito, jugueteando con mi taza de café. —Sí. Me gusta conocer los secretos. Hace las cosas más interesantes. —Su mirada tiene un brillo juguetón que me desarma un poco. Pienso en lo que podría decirle, algo que no sea demasiado revelador pero que lo mantenga intrigado. Opto por algo seguro. —Bueno, a veces canto en la ducha como si estuviera en un concierto. —Me encojo de hombros, intentando sonar casual. Él se ríe, y el sonido es tan cálido que me sorprendo deseando escucharlo más. —Eso no cuenta. Todo el mundo canta en la ducha. Quiero algo real, Emma. Antes de que pueda responder, siento una presencia. Esa sensación inconfundible de ser observada, de que alguien más está ahí. Levanto la vista hacia la entrada, y mi corazón se detiene. Manson está parado justo fuera de la cafetería, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en nosotros. Sus ojos oscuros están llenos de algo que no puedo descifrar: celos, enojo, o tal vez una combinación de ambos. El momento se alarga como una cuerda a punto de romperse. Slater nota mi cambio de expresión y sigue mi mirada. Cuando ve a Manson, su mandíbula se tensa ligeramente, pero no dice nada. Sólo se recuesta en su silla, como si estuviera esperando a ver qué pasa. Manson no entra, pero tampoco se mueve. Simplemente está ahí, como una sombra que nunca se desvanece, recordándome que, por mucho que intente alejarme, nunca será suficiente. —Emma… —Slater dice mi nombre suavemente, como si intentara traerme de vuelta al presente. Pero ya es tarde. Mi mente está con Manson, con ese fuego oscuro que siempre me consume, aunque me queme en el proceso. Y mientras lo miro, sé que esta historia está lejos de terminar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR