La tensión entre Manson y Slater es tan densa que casi se puede cortar con un cuchillo. Ninguno de los dos parece dispuesto a retroceder, y me encuentro atrapada entre ellos, intentando procesar lo que acaba de pasar. —¡Basta los dos! —exclamo, levantando las manos como si pudiera detenerlos físicamente—. ¿Esto es lo que necesitamos ahora? ¿Pelear entre nosotros? Manson me lanza una mirada oscura, pero da un paso atrás, relajando los hombros ligeramente. Slater, en cambio, parece más decidido a mantener su postura desafiante. —Estoy diciendo la verdad, Emma —dice, ignorando a Manson mientras sus ojos se enfocan en los míos—. Vos necesitás a alguien que te cuide, alguien que piense antes de actuar. —¿Y eso qué significa? —interrumpe Manson, su tono peligroso—. ¿Que vos sos el héroe de e

