El balde de agua fría fue suficiente para borrar las posturas sofisticadas de aquellos dos sujetos, aquel momento para ellos fue casi idéntico a una pesadilla de medianoche, ambos temblaban sin saber cómo reaccionar. —¡¿Qué dices Aaron?!— exclamó la mujer para recostarse en el hombro de su hijo, Droga, aquella palabra bailaba en su ser haciéndola añicos. —lo sabías Lucia— cuestionó aquel hombre, no se mostraba afectado con aquella confesión, sabía que aquel día llegaría tarde o temprano, la felicidad era pasajera, lo sabía perfectamente. —¡no!— discutió esta sin poder mirarlo a los ojos, el asco de saber que había procreado con un delincuente la dejó perturbada, había llegado a pensarlo, cuando la fortuna se volvió inmensa de la noche a la mañana. —¡Pensé por un momento que solo eran ma

