Capitulo VI “Querido, Damián”

1573 Palabras
-Aún no puedo creer que hayas hecho eso – exclamó Esben entre risas. Cuando era pequeña teníamos un bufón en el castillo, papá decía que no era nada gracioso y que eso lo hacía aún más entretenido, sus chistes nunca tenían gracia, sus expresiones no eran las mejores y definitivamente no había nacido para ser un bufón, era un habido lector, muchas veces llegó a aconsejar a mi padre cuando este se encontró en situaciones complicadas, Esben es su hijo y cuando éramos pequeños siempre me preguntaba lo mismo «¿Crees que alguien como tú puede casarse con alguien como yo?» yo solo sonreía tontamente y respondía lo mismo de siempre «Si hablas exactamente de mi no lo creo, pero si te refieres a alguien de mi posición claro que sí, eres Inteligente y apuesto, no veo porqué no» mamá siempre me regañaba por ello, pues, decía que no debía darle ese tipo de esperanzas al hijo de un bufón, yo creía de todo corazón que Esben podía hacer lo que quisiera en este mundo. A los catorce años comenzó a trabajar arduamente y obtuvo un buen dinero luego de convertirse en comerciante, mamá no dejaba de decir «Además de oponerse a su destino, también ocupa una profesión vulgar» yo no respondía a sus críticas, no valía la pena pelear con ella, Esben era muy feliz con lo que hacía, era de ese tipo de felicidad contagiosa, que te ríe en la cara y entonces se te pega como una gripa. -Tenía que hacer algo, debes entender que me enseñaron a blandir una espada desde pequeña, no fue solo porque sí – contesté correspondiendo a su risa. -El rey seguro estaba furioso – su voz demostraba respeto, pero al mismo tiempo un poco de complicidad. -¿Estaba? Creo que aún lo recuerda y comienza a maldecir como si no hubiese un mañana – podía ver en su cara que trataba de contenerse, pero luego dejaba salir una carcajada. -¿Y no te gusta el príncipe Dante? – preguntó mirándome a los ojos. -No sé que responder a eso, sabes que no soy del tipo que se enamora de un chico solo porque este le propone matrimonio. -No estamos hablando de cualquier chico, estamos hablando de un príncipe, uno que según he escuchado es muy guapo. -Su apariencia me tiene sin cuidado, sin embargo me resulta gracioso. -Creí que el que te hacía reír era yo ¿No estarás buscando un remplazo para tu mejor amigo o si? – cuestionaba con una mirada amenazadora. -Tú sabes mejor que nadie en este mundo que no hay un mejor amigo que tú. -Tienes razón – respondió él – lo sé, soy asombroso. -También estás un poco loco ¿No crees? – agregué sonriendo. -Solo un poco – hizo un ligero movimiento con sus dedos - ¿Qué hay del príncipe Damián? ¿Hay algo allí? -No, no y no, solo somos ¿Amigos? – la verdad es que ni siquiera yo sabía lo que sucedía entre nosotros, a duras penas y habíamos intercambiado una que otra palabra – ya te pareces a la tía Annette, solo vienes para enterarte de todos los chismes del reino. -Tampoco era necesario ofenderme ¿Sabes? – hizo un gesto como si estuviese realmente ofendido – Camile y Celine parecen copias de ella, estoy casi seguro de que Arthur no tuvo nada que hacer allí, ella solita las creó. -Ellas no son tan malas, solo son las fanáticas número uno del chisme en todo el mundo -¿Supiste que están instalando una feria? – esbozó él abruptamente. -¿En serio crees que puedo enterarme de algo cuando estoy acá encerrada cumpliendo mi rol de damisela esperando a ser rescatada? Obviamente no tenía ni idea – contesté como si fuese una obviedad. -Deberíamos ir – propuso de la nada. -¡Ja! – golpeé su hombro mientras reías – en serio debiste ser un bufón, se te da muy bien. -No estoy bromeando – contestó. -Mamá, nunca va a darme permiso para eso – Repliqué, aunque sentí que eso era algo bastante obvio. -Entonces escapa – dijo como si nada. -Los años te han convertido en un chiflado de remate. -Voy a buscarte esta noche, espero que estés lista para cuando venga – luego de decir eso salió corriendo porque debía ir a su trabajo «Realmente está loco» pensé mientras reía allí sola. Pasé toda la tarde pensando en aceptar las propuesta de Esben, pero estaba segura de que era inútil pedir el permiso, ya me imaginaba a mamá diciendo «Ese es un lugar vulgar a donde las chicas como tú no deben ir» La verdad sí me emocionaba un poco, nunca había estado en una feria, solo había escuchado sobre ellas, parecía que la gente se divertía cuando asistía a esos eventos. Debía ser valiente, debía al menos intentarlo, era increíble como podía salir en la noche a luchar contra un montón de hombres que probablemente me hubiesen matado pero le temía tanto a la mujer que me había dado la vida. No era momento para dudar, al llegar la tarde me dirigí hacia el salón de juegos donde se encontraba mamá con la tía y mis primas, respiré profundamente, me senté medianamente cerca a ella, fingí leer un libro, luego traté de fingir interés en lo que ella hacía. -Ya suéltalo de una vez – exclamó la tía abruptamente. -Tu tía tiene razón, hija. Pareces una abeja cazando una flor, ya dime lo que me tengas que decir – dijo mamá dirigiéndose a mí, me habían atrapado y quizás era lo mejor, ahora solo debía lucir madura y natural, decirlo todo como si fuese solo un aviso y no una petición. -Bueno, madre – no pude continuar porque el sonido de unos caballos se robó la atención de todos. Salimos inmediatamente al umbral de la puerta donde mi padre ya se encontraba de pie, al parecer era un comunicado del príncipe Damián donde nos invitaba cordialmente a la feria que se realizaría en la noche, pidiendo explícitamente que yo fuese su acompañante en el evento. Las ferias eran como una especie de fiesta en donde se montaban puestos de mercaderes que traían mercancías de tierras lejanas, los inventos del nuevo mundo, rarezas y excentricidades. Habían juegos, bailes y una multitud de personas. No pude decir absolutamente nada, la decisión estaba tomada, mi madre estaba orgullosa y llena de alegría, pues, pensaba que de este encuentro podía surgir un romance que llevaría a su única hija al altar, papá también estaba muy entusiasmado, aunque estaba más que segura de que lo estaba por la razones equivocadas. -Nunca debes quedarte a solas con él – advertía mamá mientras sacaba los vestidos del armario. -No quieres darle la impresión de que eres una cualquiera, recuerda que eres una princesa – acotaba la tía Annette igual de entusiasmada. -Tenéis razón ambas, no pienso darle un idea errónea al príncipe Damián, es por eso que debo dejarle en claro que no tengo intenciones de contraer matrimonio, ni con él, ni con nadie – mis palabras causaron que el castillo se estremeciera, mamá hizo como si estuviese a punto de desmayarse mientras la tía la ayudaba a apoyarse. -No puedo creer lo que estás diciendo – exclamó mamá apenas pudo incorporarse - ¿Queréis matarme no? Yo quiero ver a mi hija casada con un buen hombre, vestida de blanco yendo al altar del brazo de su padre, dándome unos hermosos nietos y un futuro heredero del trono de Terranova quizás. Siempre usaba el mismo truco, se victimizaba y me hacía creer que mis acciones podían llevarla a la tumba, cuando era niña lloraba ante estas palabras y accedía a cualquiera que fuese su petición, después de todo nadie quiere matar a su madre, pero a la edad que tenía ya sabía que mamá no iba a morir solo porque yo rechace las intenciones de un chico. -Matarte no es mi deseo y si algún día me caso será mi decisión – sentencié firmemente – y que os quede bien claro, si algún día me caso uno de mis hijos va a heredar el trono de Aithéria Póli, no el de Terranova, ni el de ningún otro lugar. Una vez que mamá se percató de que su manipulación no iba a funcionar esta vez se retiró inmediatamente de la habitación, sin embargo la tía Annette no movió ni siquiera un dedo, no entendía porqué, quizás aún quería ayudarme a elegir mi atuendo. -No voy a pedirte que te cases con un príncipe cualquiera cuando no exista amor en tu corazón, solo te diré que estaré rezando mucho por ti, para que algún día puedas conocer el amor y le des a estas tierras seres humanos tan buenos como tú – las palabras de la tía Annette me dejaron atónita, por un momento creí que deseaba lo mismo que mamá, pero al parecer solo era cómplice de sus comentarios para que su hermana pudiese sentirse apoyada -No voy a pedirte que no lo hagas, tu bendición es para mí un gran honor, yo también voy a pedir por ti, para que algún día puedas ser libre de esta vida que nunca quisiste. Mis palabras parecieron haber hecho eco en su mente, una lágrima bajó suavemente desde el azul de sus ojos, ambas nos miramos mutuamente, elevando una oración muda y bien conocida.
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