Uno de los sirvientes de la casa abrió la puerta, entre a la oficina que, para ser de una persona millonaria, no lo parecía. Nerio Sarmiento, me esperaba sentado en el lado interno de su escritorio, tan mal educado que no se tomo la molestia de ponerse de pie cuando entre. A pesar de que lo investigue, en el mundo de los negocios nunca había escuchado hablar de él, no sabía de donde provenían sus negocios, más sin embargo me estaba arriesgando. Exprese mi educación, emitiendo un saludo amable, el por su parte me dijo que me había conocido cuando yo era pequeño, cosa que evidentemente no iba a recordar (o sí, pues tengo lo que se podría decir memoria fotográfica). Me invito a sentarme, pero en mi caso no venia por nada más y nada menos que por algo que él tenía, pero que me pertenecía. D

