Camila bajó la mirada ante la pregunta de Isabella. El corazón le latía como si quisiera huir del pecho. —¿Podemos ir a otro sitio? —murmuró al fin, con la voz algo ronca. Isabella no respondió con palabras. Solo asintió y se giró hacia su coche. Ambas subieron en silencio. El motor arrancó con un suave ronroneo y el deportivo n***o comenzó a alejarse lentamente de las calles estrechas de San Gabriel. Camila observaba el paisaje pasar, cruzando los brazos contra el pecho, el rostro pálido, tenso. Isabella mantenía una mano firme en el volante, la mirada al frente… pero el corazón desordenado por dentro. Después de unos minutos, fue Isabella quien rompió el silencio. —¿Me vas a decir qué está pasando, Camila? Porque no te reconozco así. Me hablas solo para saber de mi papá. Me esquiva

