Luan Miré a Milena a través de una gran ventana, no podía entrar a su habitación hasta que fuera dada la orden del especialista. Se veía tranquila durmiendo, sus manos reposando a los lados y su cabello rubio siendo tapado con un gorro, podía estar de pie junto a la ventana solo por verla. —Está fuera de peligro, estamos a la espera que despierte, debe ser paciente señor. —Lo siento, me es difícil tener paciencia cuando la mujer que quiero está allí tendida en la cama sin despertar —el médico me dio una cálida sonrisa —quisiera saber que tengo que hacer para que una enfermera esté junto a ella día y noche, tener una atención personalizada —volví la mirada hacia Milena —debo regresar a casa, no puedo estar en la cuidad, necesito tener la certeza que ella estará bien. —Déjeme ver qué pue

