Me había costado demasiado dormirme. Estaba ansioso y sentía nauseas. Mi corazón estaba agitado y mi mente revolucionada, trabajando a mil por horas, sin dejarme descansar en lo absoluto. Apagué de mala gana el despertador y me preparé un café bien cargado para poder mantenerme más activo. Tenía pensado no dejar espacios para nada. Sabía que me estaba acercando demasiado a Audrey y la tentación se hacía cada vez mayor. Si, por una de esas casualidades de la vida, ella se me acercaba mucho, sabía que no podría controlarme. Todo estaba demasiado palpitante. El calor de su cuerpo todavía asaltaba mis recuerdos, su aroma, su textura… todo lo que no podía tener, estaba presente, asechando el momento preciso para atacar. Antes de bajar recogí una simple manzana. Había leído que ayudaba mucho co

