Caminé sin rumbo fijo, con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos. Necesitaba despejarme, aclarar mi mente y, si quería pensar tranquilo, no podía irme a casa aún, así que entré a una cafetería, me senté junto a la ventana y pedí un café cortado. Suspiré. Me sentía desorientado y perdido. Me sentía desolado. Sabía que había perdido una gran oportunidad, sabía que me arrepentiría por siempre de no haberme arriesgado, pero… yo no estaba libre. No podía arriesgarme siendo que en casa me esperaba Steven. Ella no merecía eso. Audrey merecía mucho más que ser la segunda opción de alguien tan ridículamente indeciso y poco consecuente como yo. Saqué mi celular y me debatí entre llamarla o no. Quizás tenía que dejarle un tiempo para que pensara. O quizás ella estaba en la misma situación

