El sueño de una vida feliz que tiene muchos, resulta ridículo para mí. No puedo estar tranquilo sabiendo que los ambiciosos descansan disfrutando la ignominia de sus actos.
Una mujer que abandona a su primer hijo por ir detrás del dinero y la opulencia. Con sueños de grandeza, sintiéndose merecedora de linaje sin poseerlo. Incapaz de sacrificar su ambición para cuidar y proteger al fruto de su vientre.
Una plebeya tiene una aventura con el tercer hijo del rey de Nava. Lo consideró poca cosa.
Un m*****o de la familia real a punto de ser desterrado por la osadía de involucrarse con alguien ajeno a su mundo.
La mujer lo abandonó como prueba de un amor falso. El permaneció en el reino. Sus hermanos mayores enfermaron de un mal incurable que afecta a la familia real. Eso lo convirtió en el primero de la línea de sucesión. Heredó la corona y como nunca se casó, su único hijo le sucedería en el trono años más tarde.
La mujer se casó con un duque anciano de quien concibió otros hijos, una forma de asegurar el título nobiliario que heredó, la duquesa de Blonda.
- ¿Puedo hacerle una pregunta majestad? - es sacado de sus pensamientos más mortificantes. Kalaf, lo mira sin color en el rostro.
-Adelante. - Responde apagado.
- ¿Por qué odia a los Nerios? - la pregunta lo toma por sorpresa.
-No odio a los Nerios,- aprieta los puños- Odio que acepten desgraciados en su reino. – Su mirada perdida preocupa al secretario- Albergan a los desalmados, elevándolos a la más alta posición. - grita eso último. Oleg se impresiona.
-La actual reina gobierna con sus hermanos de crianza.
-Ellos no tienen derecho de pertenecer a la realeza, su madre es una oportunista sin clase. - ser hijo de un noble no te hace más.
-Los tres hacen un gran esfuerzo para organizar las cosas, a pesar de que se lo estamos poniendo difícil. - ríe de medio lado al escuchar su ayudante. Han hecho su parte para crear disturbios y confusión en la gente de Neria.
-Quiero que destruyan Neria con toda su gente. Por eso he creado el conflicto con los Nereos. Esperaba que ellos los destruyeran, que hicieran eso por mí, mientras nosotros tomábamos la sal, pero ahora han decidido unir sus reinos. – pasea nervioso por el espacio, con furia- Farid no solo se acuesta con mi amante, también se interpone en mi oportunidad de tomar a Adara como esposa- Esa idea se le ocurrió al conocerla en la fiesta- De esa forma podría echar a su familia del palacio y destruir a Nerea con sus minas de sal. - hace tiempo quiere restregarle a los Nereos que ya no necesita de sus minas ara tener sal- El rey se ha convertido en un daño colateral para mí y voy a sacarlo de en medio.
- ¿Qué haremos entonces?
-Esperar, Oleg, esperar- Vuelve a sentarse - Esperare a que se sientan confiados. Dejare que disfrute la desgracia del matrimonio, el desprecio de sus súbditos y luego le ayudaré a salir de escena. Me quedare con su esposa, sus reinos y la sal. - la risa tenebrosa roba la tranquilidad de Oleg.
- ¿Debemos seguir vigilando ambos reinos, rey Kalaf?
-Todo sigue igual. Te daré unas órdenes para el contacto de Nerea.
Neria..
- ¿Qué me pusiste en el equipaje Shana?
-Los trajes más bonitos que tenía la costurera mi reina, usted va a engalanar ese palacio. - La dama sonríe con picardía.
-Solo voy a permanecer un mes allí. - Debe cumplir esa parte del acuerdo.
-He visto la agenda, tendrá muchas actividades sociales, todo el mundo quiere ver a la esposa del rey muñeco.
- ¿Rey muñeco?
- ¿Qué no le parece lindo a la reina? - comparten miradas de complicidad.
-Es como todos los hombres, creyéndose interesantes e irresistibles. Este tiene una mirada verde, misteriosa, intimidante, un cuerpo de batalla y unas ideas locas de apoderarse de lo que no le pertenece.
-Entonces, mi niña, descubre el misterio, batalla con su cuerpo y deja que se apodere de ti, eres su esposa. Trata de venir con el heredero.
-No te conocía esas ideas, Shanita, estas muy adelantada para esta época.
-Tu padre quería que pudieras escoger con quien casarte- menciona nostálgica.
-Lo sé, el jamás habría consentido tal intercambio, pero es por el por quien acepté. Cuando descubra a los culpables estaré tranquila y podré cumplir mis propios sueños. - mueve las pestañas para disipar las lágrimas.
Nerea….
- ¡Farid! ¿es cierto que vas a traer a tu mujer aquí?
-No es mi mujer Inhara- respira- Debe venir por compromisos. - El consejo exige conocer a la esposa del rey. El pueblo quiere celebrar la unión.
- ¿Dónde se va a alojar? - pregunta con celo.
-Estamos casados ¿Dónde supones que se debe quedar?
- ¿Van a dormir juntos? - muestra enojo.
-Por supuesto que no, eso aún no está contemplado- No había pensado en eso, es mi esposa y tenemos acuerdos.
- ¿Qué va a pasar conmigo? - La pregunta me hace volver a la realidad.
-Tienes tu propio hogar- Ha sido un error permitir tanto acercamiento entre nosotros, aunque no ha pasado nada desde que se realizó el matrimonio. Mis labios no han querido sustituir la sensación que le dejaron aquellos labios.
-Quiero estar cerca de ti, no te dejare solo, eres mío- ¿Por qué se ha vuelto tan posesiva?
-Debes mantener un perfil bajo mientras este la visita en el reino.
-No me iré, aquí estaré para cuando me necesites. Después que ella te de un hijo puedes casarte con quien quieras. - Eso está lejos de suceder. Un beso me ha marcado, no imagino hacer el amor.
-Prefiero que no te vean aquí, hazme caso si quieres que tengamos una oportunidad. - No debí decir eso.
…..
-Bienvenida querida, ya era hora de que conozcas tu reino.
El recibimiento fue un acontecimiento al que asistieron altos miembros del consejo de gobierno. Los principales ministros hicieron una coa de recibo presidida por su majestad la reina Gea y su alteza, la princesa Celia, hermana menor de Farid.
-Reyna Gea, es un gusto verla una vez más. Luce radiante reina madre. - Se ofrecieron una sonrisa genuina.
-Gracias – intercambian besos- Aquí esta Celia, tu cuñada.
-Hola Celia, me encanta verte.
-Bienvenida a Nerea, tu casa.
Luego de saludar otros miembros de la corte se dirigen al palacio principal, el que ocupa Farid. A la llegada son recibidos por el personal debidamente uniformado. Expresan su alegría a la recién llegada poniéndose a su disposición. Le muestran sus habitaciones. Milán, como su asistente le acompaña en este viaje.
Por ninguna parte vio rastros de su esposo. Algo que considera descortés e inapropiado. Un verdadero acto de desprecio.
En su habitación recibe una misiva con las disculpas del rey por no recibirla, le desea una buena estancia y le reitera un acto al que debe asistir para la presentación oficial como su esposa.
-Este hombre es tan impersonal- piensa que es mejor así. No quisiera acostumbrarse a una persona galante, le sería más difícil salir de ese matrimonio cuando se cumplan los términos.
Recordar el beso de la boda le sigue causando emociones que le quitan el sueño. Aun siente la tibieza de esos labios que se fundieron con los suyos. Al principio se sintió extraña, asustada, tímida. Un cosquilleo le recorrió el espinazo enviando señales agradables a su cerebro y entonces se le acelero el corazón. Se le humedecieron los labios haciendo que se humedecieran las partes en contacto. Fue cuando el chupó sus labios que se decidió a responder de igual manera. Succionando y lamiendo tal cual. Las manos de él envolvieron su cintura y ella le tomo del cuello, acercándolo más.
Estaba dispuesta a practicar la tarde entera, pero el ruido exterior se coló en sus oídos haciendo que se separaran con gentileza. No se atrevió a mirarlo, no después de sentir algo viviente rozar su zona pélvica.
Sacudo la cabeza para ahuyentar la posibilidad de querer el mismo recibimiento.
Escucha un toque en la puerta que la despabila.
-Puede pasar.
-Buenas tardes majestad, estoy a su servicio para ayudarle en lo que necesite- una chica de rostro agradable entro a la habitación hablando sin parar.
- ¿Cómo te llamas?
-Mi nombre es Candy, mi señora- reverencia con elegancia haciendo que se ría.
-Muchas gracias Candy, me gustaría conocer las áreas, no quisiera perderme en un lugar tan grande.
Será un gusto enseñarle, imagínese, me van a envidiar por ir en compañía de la reina. - Todos sus compañeros esperaban ansioso la presencia de la señora en la casa.
Salieron a recorrer todos los pisos del palacio. Cinco salas de estar, tres comedores, dos cocinas, un sinfín de habitaciones para invitados. Dos salones de fiesta e igual para reuniones. Cinco despachos.
-Voy a necesitar un despacho.
-Claro mi reina, le informaré al mayordomo. - Ofrece entusiasta.
Continuaron el recorrido en la parte de afuera. Los jardines, establos y caballerizas. Varias terrazas, cuatro gacebos, un parque con columpios y juegos además de bancos y sillas de jardín.
-Imagino que aquí se divertirán los niños.
-Imaginas mucho Candy.
-Vamos a la zona familiar en el tercer piso. - le invita con cara alegre.
Le mostro la habitación del rey al lado de la suya. Un pasadizo interno comunica ambas habitaciones. Los matrimonios arreglados son comunes en los reinos. Ante ese hecho, nadie se sorprende si no comparten la misma habitación.
- ¿Le parece grande esta cama? - pregunta la chica, tiene la misma edad que Adara.
-Digamos que es espaciosa- contesta con cautela.
-Caben perfectamente dos personas.
-Si al otro le gusta compartir su espacio, sí. - vuelve a ser prudente al responder.
-El rey ya no la ocupa muy a menudo. - baja la voz para comentar.
- ¿Dónde duerme entonces? - tiene derecho a saber.
-A veces se distrae y ocupa otra. - Le pone misterio a la voz.
-Imagino que tiene mucho en que distraerse.
-Yo diría que lo distraen- Parece querer que le sigan preguntando.
-Sígueme mostrando, va siendo hora de prepararme para esta noche- prefiere dejar el tema, no es bueno cotillear de su propio esposo.
-Como usted diga reina Adara ¡es un lindo nombre!