22-!Beso!

1634 Palabras
-Majestad es casi seguro que la reina Adara está colaborando con los Navos, para destruirnos- sentado frente al escritorio escucho al consejero de exteriores, lo que dice no me agrada. - ¿Estás seguro de lo que dices Baltasar? - Me hace ruido porque vi como hablaban en voz baja Adara y Kalaf. -Algunos miembros del consejo que dirige nos lo han hecho saber- La aptitud intrigante me hace dudar de la información. - ¿Por qué te lo dijeron, acaso ellos no son parte del reino? - No veo por qué delatarían sus estrategias. -La verdad es que ellos tienen dificultades con la forma de mando de su reina- hace una pausa- Desean que usted nombre a otra persona para gobernar. -Eso hay que investigarlo consejero- Interviene Calixto- No han enviado ningún informe que corrobore lo que dice- le enfrenta abiertamente - ¿Duda de mi sir Calixto? - se queja ofendido. -De usted y de cualquiera que hable sin pruebas- le explica cortés. -Soy un Nereo secretario, mi deber es defender esta nación- denota molestia en sus palabras. -Yo también pertenezco a estas tierras, sin embargo- lo mira a los ojos- No emito juicios infundados de otros. -Majestad, lamento si le ofendo, solo quiero poner la alerta- trata de explicarse esperando ganar el favor del rey. -Calixto tiene razón Baltasar, antes de venir a decirme debes confirmar la fuente- observo la mirada desdeñosa del hombre. -Si está de acuerdo, puedo solicitar un informe- accede reticente. Decidió cambiar la táctica. -Recuerda que Adara de Neria ahora es mi esposa, Baltasar. - digo con seriedad- Por lo tanto, cualquier intento de agravio en su contra está dirigido a mí también ¿Lo puedes entender? - Me mira en silencio antes de asentir. -Perfectamente señor, son sus colaboradores los que hablan de ella- Le doy una mirada de advertencia. -Ahora ve, trae el informe y comprueba cada palabra, de lo contrario no te presentes ante mí- Estos consejeros creen saberlo todo por ser mayores que yo. -Como diga, majestad. - sale. - ¿Le crees? -Tampoco lo dudo, - medito mis palabras- los vi muy cercanos durante y después de la fiesta -Significa que le crees, admítelo. -Las pruebas dirán. -Yo también hare algunas investigaciones- niego. -Ese no es tu papel, tienes otras cosas que hacer. -Una de ellas es recordarte que le hiciste un desplante a tu esposa hoy. No fuiste a recibirla y le enviaste una nota con un sirviente. - eso no fue educado, lo sé. -No me interesa tener mayor acercamiento con ella, esto terminara en cualquier momento. Además, puedo estar casado con un enemigo, ya ves, ni su gente la tolera. -Son excusas vanas, si no quieres acercamiento explícame cómo van a procrear un heredero, esa fue tu idea, de nadie más. Tampoco me creo que pienses que es intratable. Supera lo de la herida, te presentaste sin ninguna invitación a exigir un reino porque tu orgullo estaba herido. -Estás hablando demás, Calixto – puede que tenga razón, pero esa fiera es peligrosa. -Escucha Farid, puedes hacer que ese matrimonio funcione, dale una oportunidad- lo miro cejudo. -Eso tiene que ganárselo. - me lanza un papel- ¿!Qué!? -Amor- Nos interrumpe Inhara- ¿Es cierto que no estoy invitada al banquete de hoy? - aquí volvemos. -Disculpe Condesa ¿Quién la dejo pasar? - ¡UH! -Usted siempre tan respingado, - le dice como si nada- Yo no necesito permiso para pasar- presume. -Tengo para decirle señora, - asume una postura inflexible- El responsable de quien entra o no soy yo y no autorizo su estancia. - ¿Te vas a quedar callado Farid? - Justo cuando voy a decir algo, Calixto, arremete nuevamente. -Le agradezco que en presencia de otros se dirija al rey como majestad- observo la escena con seriedad. ¿Farid? - ante el silencio adusto del nombrado no tuvo más remedio que – Majestad, por favor, diga algo. - Ambos esperan mi respuesta. -Lo siento Condesa, es parte del protocolo. El Duque de Rio es encargado de mi seguridad y maneja el acceso a mi persona. No puedo quitarle autoridad para favorecerla ¿Lo comprende? - ¡Disculpa! -La acompaño a la puerta mi lady. - ¿Qué le pasa a esta señora? Te traerá problemas tarde o temprano. -Inhara solo está celosa por la presencia de Adara. -Eso no le da derecho a irrumpir aquí cuando le da la gana. -Calixto, el rey soy yo y te he dado autoridad para hacer lo que hiciste. Es tu deber evitar que me cause problemas ahora o en el futuro. -Eso será efectivo aquí, no en tu cama ni en tu casa, donde prácticamente vive. -Vuelves a exagerar, ha estado allí unas cuantas veces y nunca en mi habitación. Ya le dije que no me busque mientras tenemos visitas. -Mucho caso que te hizo. El encuentro ha iniciado. Toda la crema y nata de la sociedad Nerea se ha reunido en el hotel central para presentar a la pareja de soberanos. Una verdadera gala donde abundan las luces, las flores y los trajes de gala. Las damas visten esplendorosas y los caballeros de etiqueta. Una vez que lleguen todos los invitados los reyes harán su entrada. La reina madre, vestida de color nut, inició la procesión. El traje largo de raso le infringe frescura al outfit. Un recogido resalta las hebras plateadas de su cabello, para completar, usa las joyas que trajo Adara como regalo. Detrás de Gea, la princesa Celia con una sonrisa jovial que cautiva a los presentes. Trae un vestido azul celeste que expone una personalidad vibrante, muy adecuada para la época. Calixto, Navid y Asher, sus padres y otros primos le siguen. También Milán con algunos nobles de su reino desfilan antes de dar paso a los agasajados. Farid… Me vestí en el palacio de gobierno luego de terminar una reunión con extranjería. El traje color marfil hecho a mano, con algunos apliques dorados en hombros y puños, muestra de la solemnidad de la fiesta. Cuando voy a estas actividades suelo atarme el cabello. Esta ves decidí sujetar una parte y la otra al aire. Un aire de rebeldía y libertad no esta tan mal de vez en cuando, aunque los más conservadores no opinen igual. -Farid puedo saber a qué se debe ese look- la primera en opinar es mamá. -No tengo quien me ayude con tanto cabello, madre. -Un barbero podría ayudarte perfectamente. -Despedí al que tenía hace cinco años, mamá. -Te enviare a mi peluquera, recorta muy bien. -Que se vea bien será suficiente. -No seas insolente, eres casado ahora. -Casado es una cosa y ciego otra diferente, no dejare que una persona desarreglada me toque. - La cara de mi madre ahora es color arándano, eso es peligroso porque es alérgica. -Mejor comencemos, ya llego Adara. El carruaje que se usa en estos casos se abrió paso en la avenida ampliamente protegida. Justo frente a mí se detuvo. El personal de seguridad se dispuso a ayudar a mi esposa. Abrieron la puerta dando paso a una mujer regiamente vestida de un color llamativo, electrizante. El descenso se hizo con lentitud, garantizando que nada entorpeciera las pisadas de Adara. Esta mujer con su pose de reina parada frente a mí, logro hipnotizarme. No he visto belleza igual, lo aseguro. Sus ojos alegres enmarcados por las largas pestañas y perfectas cejas negras me atraparon en un laberinto verde esmeralda. Me mira con seriedad antes de voltear a ver los espectadores del pueblo ubicados del otro lado de la calle, detrás de la valla perimetral. Se dispuso a saludar con una carismática sonrisa, elevó la mano agitándola suavemente, incluso, hizo una leve inclinación de respeto. Ese simple gesto enloqueció a todos. Me acerco admirado, le ofrezco la mano, recibo la suya y beso sus nudillos. Los aplausos y silbidos se escucharon enseguida. Al cruzar nuestras miradas, ninguna sonrisa para Farid. Parece que no le agrado “el sentimiento es mutuo” me digo. La conduzco por el pasillo, orgulloso de las miradas de aprobación que le dirigen. En algunas se ve reflejada la envidia y en otros, respeto. La vestimenta realza su belleza y no deja dudas de que conoce el protocolo real. El vestido color terracota de cuello alto y mangas largas dibuja una figura de reloj de arena muy delicado. La falda amplia desde la mitad de los muslos hace que se vea más estilizada. Los apliques de la parte alta del vestido hacen juego con los de mi traje “Sera casualidad” Avanzamos por el largo pasillo hasta llegar a unos asientos ubicados al final sobre una tarima alfombrada y un fondo ambientado en los emblemas de ambos reinos. Allí nos colocaron unas coronas y unos anillos que sellan la alianza. El obispo pronuncio unas palabras luego de lo cual todos aplaudieron. Hice la presentación de Adara como consorte del reino. Ella toma la palabra. -Reino de Nerea, una mujer no necesita que la nombren reina para reinar, porque llevamos coronas invisibles que nos hacen serlo: como hijas, como madres, como esposas o simplemente como mujeres que aportan a la sociedad su preparación, su trabajo y sus logros. En este momento no quiero reinar en un país que no me conoce. Quiero la oportunidad de ganar ese título, no quiero que me lo regalen sin antes reinar en sus corazones por eso. La euforia se esparció por el salón, las palabras calaron en mi mente haciéndome ver el valor de esta mujer. Estuve dando vueltas al discurso hasta que reparo en lo que dice la multitud - ¡Beso!, ¡beso! -Diles que no. -No puedo. -Tengo labial rojo. -Tengo pañuelo- ese labial rojo es mi mayor motivación. -Diles que no. -Tienes que ganarte sus corazones-¡jijiji!
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