Kath gimió mientras su respiración se aceleraba y sus ojos nublados por el placer obtenido observaron atentos los de Michele. Esa mañana del martes, Michele había despertado antes que ella como era su costumbre, tenía que arreglar todo para su viaje que se llevaría a cabo en menos de una hora. Michele llamó a Isabela para confirmar que todo estuviera listo y cuando su asistente le confirmó que sí. Michele se dispuso a ultimar detalles en su computadora. Kath caminó con uno de sus camisones de seda hasta su despacho, abrió la puerta e ingresó despacio, cerrando la puerta detrás de sí. Michele levantó la mirada de la computadora y con una sonrisa ladeada tiró su espalda en el respaldo, observando a su esposa aún con su camisón de dormir y unas sandalias delicadas, caminar hasta él. Miche

