CAPÍTULO 74 | LA MANSIÓN DE RICCARDO (PARTE 2) Michele observó a Kath con atención mientras tomaba su mano y la guiaba cerca de la cama. Comenzó a desvestirla con una lentitud casi siniestra, bajando el cierre de su vestido en la espalda. El sonido de la cremallera fue casi imperceptible; sin embargo, la sensación de la mano de Michele rozando su espina dorsal resultó cautivadora. La sensación solo podía compararse con un cubo de hielo recorriéndola desde la nuca, erizando su piel al instante y haciéndola arquear la espalda hasta que el vestido cayó por completo. La tela se deslizó y quedó amontonada en el suelo. Kath ya no sentía vergüenza de que Michele la observara desnuda, no después de haberla poseído infinidad de veces, incluso durante su periodo. No obstante, la forma en que él

