52 | Vestido perfecto Con el sol comenzando a teñir el cielo apenas de un suave tono dorado, Michele se levantó de la cama. Había pasado la noche en vela; el calor del cuerpo de Kath, sus suaves piernas rozando las suyas y los gemidos que soltaba mientras dormía no le habían permitido conciliar el sueño. Los pensamientos de Michele estaban dominados por la necesidad de proteger su organización, de mantener el control sobre su imperio y, por supuesto, de mantener el orden en todo lo que rodeaba a su esposa. Esa mañana tenía otros planes: llevar a Kath a una de las mejores tiendas de alta costura en Italia para encontrar el vestido adecuado para la fiesta del sábado. Michele fue a la cocina y pidió un café cargado. Tras terminarlo, respiró hondo y regresó a la habitación donde Kath aún d

