Michele rodeó a Kath con un brazo firme, guiándola a través de los corredores de la mansión con una determinación que hacía difícil resistirse. Su aliento, cálido y embriagador, estaba impregnado con el aroma del licor que había bebido durante la noche, mezclado con las notas profundas y amaderadas de su colonia. Era una combinación que envolvía los sentidos de Kath, embriagándola más de lo que cualquier copa de vino podría hacerlo. Llegaron a una de las habitaciones privadas, y Michele empujó la puerta, revelando un espacio que emanaba un lujo oscuro y seductor. Las paredes estaban cubiertas de un elegante papel tapiz n***o con patrones en relieve, y una gran cama con dosel se erigía en el centro, cubierta de sábanas de satén que brillaban bajo la luz suave de las lámparas de cristal.

