Ya podía escuchar a mi padre repetirme una y otra vez que soy una desgracia para él y nuestra familia.
El agua era muy fría y me ahogaba. Despierto de golpe y comienzo a toser por el agua que me han tirado. Parpadeo varias veces y tenía frente a mí a mi padre, Maya y su madre. Mi padre era quien me miraba con odio. Miro hacia mi cuerpo y me cubro con la sábana húmeda por el agua que me arrojaron.
—Eres una mujerzuela.
Tres palabras. Esas fue la cantidad de palabras que ha usado para lastimarme.
—Isabella, ¿qué hiciste?
—Tú... tú eres la culpable.
Expresé ignorando su pregunta. Maya finge estar ofendida y comienza a llorar para hacer que nuestro padre le crea a ella y nada más que a ella.
—Isabella, entiendo que estés avergonzada por esta situación, pero ¿Culpar a tu hermana? Eso no es correcto.
—Mamá... Isabella me odia, ¿por qué me culpas, Isa?
Enrollo la sábana en mi cuerpo de tal manera que la transparencia no dejará a la vista mi cuerpo.
—Padre, te juro...
Caigo al suelo tras el golpe que me ha dado en mi mejilla. Siento como mis ojos arden y hacen el esfuerzo por no llorar frente a ellos.
—Desgracia.
Lo sabía... sabía que esa sería la palabra con la que me iba a definir, pero esto no era mi culpa.
—Padre, Maya fue quien, me trajo aquí casi que inconsciente, ella tuvo que...
—¡Cállate! ¿Cómo te atreves a culpar a tu hermana menor de esto? Tú eres una desgracia para nuestra familia, acabas de avergonzarnos y la familia Wood ha roto el compromiso por tu culpa. ¡Eres una cualquiera! ¡Una mujerzuela! ¡Eso eres!
Varias paradas son arrojadas a mi cuerpo y lo único que puedo hacer es volverme un ovillo y cubrir mi rostro con mis brazos para que sus golpes no me lastimen lo suficiente.
—Vamos, debemos hablar con la familia Wood para llegar a un acuerdo y no perder la oportunidad que Isabella ha arruinado.
—Si cariño.
—Prepárate Maya, ofreceré tu mano a Harry Wood a cambio de la mano de Isabella. De seguro esto nos salvará de la ruina.
—¿Padre, seré la señora Wood?
—Eso espero. Vamos.
—Si padre.
Maya estaba feliz por su noticia, su madre se acerca a mí para susurrarme al oído cuando mi padre sale de la habitación.
—Esto es lo que te mereces por desear ser más que mi hija.
Después de que mi padre se desquitará de esa manera conmigo y de decirle a Maya que será la señora Wood, escuchar lo que dice Angélica... sonrío por mi patética vida. Primero me drogan, me traen a una habitación con un hombre desconocido para arruinarme, después me golpean y ahora me dejan tirada sangrando. No sin antes humillarme de esta manera.
Como puedo me levanto del sueño y me visto con aquel vestido color salmón que llevaba la noche anterior. Busco mi teléfono en mi pequeña bolsa y marco al número de la persona que estaba en mi mente.
—Ayúdame.
Rompo en lágrimas. No lo soporté más. Mi vida era patética y una desgracia.
—¿Dónde estás?
Leo viene por mí al hotel y me lleva al hospital para sanar mis heridas. Estaba furioso por lo que ha sucedido. Le cuento parte de la verdad, pero decido omitir la parte de lo sucedido con aquel hombre misterioso. La vergüenza que estaba sintiendo fue más grande que mi deseo de venganza.
—Debes denunciar esto.
—No puedo.
—Te ayudaré con esto y con lo que sea que me pidas.
—¿De verdad me ayudarías con lo que sea que te pida?
—Por supuesto.
—Ayúdame a escapar de casa, por favor.
Leo me observa en silencio unos minutos y al final accede con un solo movimiento de cabeza.
—Te llevaré lejos ahora.
—Primero debo ir a casa.
—Isabella.
—El collar de mi madre, está en mi casa y es el único recuerdo que tengo de ella, debo recuperarlo. Es todo lo que necesito de esa casa.
Parece dudar lo que digo, pero al final accede de nuevo.
—Está bien.
Dos horas después del incidente, regresé a casa para buscar el collar, pero en lugar de salir de casa para encontrarme con Leo en una hora, terminé encerrada en el sótano de nuestra casa como castigo por parte de mi padre. Golpeo la puerta con fuerza y grito para que me dejen salir, pero no lo consigo.
—Padre, por favor... déjame salir, juro que no es mi culpa... por favor.
—Te quedarás aquí y reflexionarás lo que hiciste. No saldrás de aquí hasta que reflexiones tu error y te arrepientas.
—¡Me arrepiento! ¡Padre, me arrepiento de lo que hice! ¡Por favor!
En lugar de tener una respuesta de su parte, obtuve silencio y distancia. Dejo que mi cuerpo caiga al suelo, me hago un ovillo y lloro por mi desgracia.