Aunque, la curiosidad me mataba, debía ignorarlos e irme rápido. Suspiro. Y cuando veo que se han colocado de pie para despedir a su visita acercándose a la puerta principal es cuando aprovecho para llegar a la cocina. —¿Quién es? Pregunta el anciano cuando se da cuenta de mi presencia. —¿Quién? Pregunta Angélica. Camino con decisión y me voy por la puerta de la cocina, pero cuando me estaba acercando a la puerta pude escuchar que los pasos se acercaban justo cuando consigo salir sin ser vista. Me agacho y camino en cuatro patas para que no me vieran. —¿Qué pasa, señor? —Disculpen. Creí haber visto a alguien, pero creo que ha sido mi imaginación. Ya debo irme, estaré comunicándome con usted, señora Davies. —No se preocupe, por aquí por favor. Respiro, muy aliviada y sigo caminando

