No espero a que Fabrizio pasará a recogerla y simplemente pidió un taxi para ir con su doctora, tenía el dinero suficiente para comprarse un auto e incluso sabia manejar porque tomo clases desde los catorce años, sin embargo, eso solo sería un objeto de lujo que no usaría mucho porque usualmente tenía al chófer de la empresa quién la llevaba a todos los sitios que tenía que ir y en aquellos momentos solo estaba enojada con Enzo por la forma en que le hablo ya que era innecesaria, o eso consideraba ella. Estando en la sala de espera comenzó a revisar su celular para poder matar el rato de espera, aparto sus ojos de la pantalla al ver a un niño pasar corriendo y gritando por el pasillo mientras su madre corría como loca detrás de el para intentar detenerlo, pero al tomarlo del brazo el pequeño Chucky comenzó una pataleta monumental, por esa y por muchas razones más es que no quería hijos.
–Los niños son lindos, pero así espantan un poco. – comento una mujer a su lado.
– Ya lo creo. – volteo a verla y se sorprendió mucho ya que era Olivia.
– Pensé que me dejarían en paz después de lo que les dije, pero han seguido insistiendo una y otra vez. – suspiro profundo volviendo su atención al celular.
– Eres alguien de mucho interés por tu cercanía con Enzo. – ambas estaban actuando como si nada.
– Sí y más ahora que sé que está enamorado de mí, eso me pone en el ojo del huracán porque si alguien más lo sabe será un lio. – siguió moviendo el dedo mientras veía su red social.
– Eso ni lo dudes ¿Has sabido algo de sus actividades ilícitas? – con esa pregunta Ivana levanto la cabeza.
– No... – se encogió de hombros – He tratado de buscar información, pero estamos hablando de un empresario bastante poderoso y como sabes, no deja cosas al azar. – siguió viendo la pantalla.
– No las deja, pero tú has podido saber algo, sino fuera así no me estarías diciendo esas cosas... – Ivana cerro los ojos viéndose atrapada – No te estoy solicitando que trabajes para mí, sé que hay muchos conflictos de interés y no te culpo ni te quiero hacer sentir mal. – acomodo su cartera en las piernas.
– ¿Qué es lo que quieres de mí? – suspiro de forma pesada.
– Hay un cargamento de personas que está viniendo por mar desde Brasil, quisiera que si sabes algo de eso me lo digas. – Olivia le extendió discretamente una tarjeta con un numero – Si sabes algo, puedes llamarme a ese número.
– No creo... – la enfermera le llamo – Livorno, domingo a media noche. – se levantó y entro al consultorio dejando a la mujer sentada en aquellas sillas.
No se tardó tanto con su doctora, aunque no se salvó del regaño por ser impuntual nuevamente con sus anticonceptivos y además que la doctora le advirtió que si seguía así podría llegar a tener un accidente del que muy difícilmente se iba a poder librar, cuando salió del consultorio Olivia ya no estaba y no pudo evitar pensar en si habría hecho bien al decirle lo que le dijo, tampoco estaba muy segura si había hecho bien en confiar de esa manera; al llegar a las oficinas fue directo a la bodega para buscar el cartapacio donde estaba el proyecto que debía revisar, al menos ese lugar estaba mejor organizado que la bodega en el hotel de Roma.
Mientras estaba buscando el cartapacio no dejaba de pensar en las palabras de Mario, no era una cobarde, odiaba con toda su alma esa palabra porque la remontaba a una parte amarga de su infancia; por lo que sabía hasta ese momento estaba segura que trabajaba con un lobo disfrazado de cordero que no iba solamente a reunirse con simples empresarios que seguramente en lo último que estarán pensando es en expandir un hotel y acababa de delatar un punto muy delicado a una mujer que apenas conocía, también había otra cosa que no cuadraba en toda aquella gran ecuación y es que las órdenes de compra venta que había visto antes eran muy pequeñas para generar una riqueza como la que Enzo tenía, algo no le terminaba de cuadrar y lo encontró de pura casualidad escudriñando en los estantes más recónditos de aquella bodega llena de papeles.
Enzo no era el hombre que la policía pensaba que era, sus actividades ilícitas no se basaban en vender personas o sus órganos en el mercado n***o; traficaba con droga a toda Europa, parte de Asia y Suramérica, a medida iba leyendo el estómago se le fue revolviendo porque no era algo que esperara ver y menos plasmado en papel con imágenes de las personas siendo llevadas como animales en contenedores, tampoco fue grato ver documentos donde se les ofrecían órganos a clínicas clandestinas, se aseguró de sacar fotos a todo lo que encontró y cuando comenzó a revisar el quinto cartapacio encontró los recortes de un periódico que estaba en inglés, con fecha del ocho de junio y en donde aparecía la foto de Leonardo Giuseppe. Era la noticia del accidente donde el hombre murió y la policía no sabía las causas de tal fatídico accidente, las hipótesis se manejaron en que había sido un fallo de los frenos, en aquel momento sintió que todo se le estaba mezclando de una forma que no alcanzaba a comprender ¿Por qué estaba la noticia del accidente de Leo en una cosa de esas? leyó toda la nota y sintió su corazón estrujado por la pena, él era su padre, lo amo como a uno y su muerte de verdad la resintió mucho.
Se le hizo un nudo en la garganta al ver una página con un sello rojo que decía "exterminado" y cerro con fuerza el cartapacio antes de devolverlo a su lugar, tomo lo que fue a buscar y salió antes de que alguien notara la excesiva ausencia en su oficina porque ya pasaba del tiempo límite que Enzo le dio, al salir del elevador se topó de frente con Mario que al entrar paso golpeando su hombro y por ahorrarse problemas solo le vio de reojo siguiendo su camino; una vez en su oficina se tomó unos cinco minutos para poder digerir todo de la mejor manera, lo retorcido que sus ojos vieron en aquellas carpetas, aunque no había forma de hacerlo sabiendo lo que sabía ahora, apoyo las manos sobre el ventanal respirando profundo un par de veces hasta que escucho la puerta de su oficina ser abierta y al voltear vio que era Enzo entrar.
– ¿Qué te pasa? – pregunto al verla con un semblante descompuesto.
– Nada, son efectos del medicamento. – dijo mientras trataba de disimular.
– No esperaste a que Fabrizio te llevara a tu cita médica. – cerro la puerta y fue a sentarse frente al escritorio.
– Me fui por mi cuenta, no tenía ganas de hablar con nadie y tampoco es como si yo misma no pudiera hacer las cosas por mi cuenta. – Ivana también se sentó en su silla.
– ¿Sigues molesta por lo que te dije durante la junta? – la vio sacar el celular para ver la hora.
Ivana aún no había tenido tiempo de pasar todas las fotos a la nube y sus intentos por mantener la calma sentía que eran en vano porque su nerviosismo solo iba en aumento, si Enzo se enteraba que había andado husmeando donde no debía, iba a tomar represalias contra ella o sabe Dios qué sería capaz de hacerle a su familia.
– Pienso que fue innecesario y hasta cierto punto inmaduro el que me hablaras de esa forma siendo yo tu mano derecha durante estos últimos cuatro años. – metió el celular a su bolsillo.
– Eres quien mejor trabaja y es tu responsabilidad estar al pendiente de los inversionistas. – dijo Enzo frunciendo el ceño.
– Yo no me quejo de eso, mi problema está en que me exiges labores que no me corresponden y las hago, sin pretextos ni reproches, pero cuando otros quieren tomar mi puesto por caridad tu no los dejas. – era la primera vez que le hablaba con tanta confianza.
– ¿Qué paso entre tú y Mario? – pregunto, porque se dio cuenta de las miradas molestas entre ambos.
– ¡Los mismos problemas de siempre, que Mario y yo no nos llevamos bien, que el maldito hijo de puta no agradece lo que hago mientras él se toma un tiempo con su mujer y yo me quemo las pestañas haciendo su trabajo! – se levantó de la silla y golpeo el escritorio con ambas manos – ¡Me gritaste como si yo fuera la única capacitada aquí y me estas pidiendo hacer más trabajo del que me corresponde, mientras que a ellos les dejas rascarse los cojones cada vez que les dan ganas! – perdió los estribos completamente porque estaba cansada y muy agobiada, además de molesta con Enzo.
– Ivana por favor cálmate, te va a dar un ataque cardiaco si sigues así. – Enzo se puso de pie y trato de sentarla para que se calmara.
– ¡Que me importa! – Ivana se alejó – ¡Dijiste que si no era capaz de hacerlo me podía ir, bueno... creo que te voy a tomar la palabra, no puedo hacerlo y me voy! – tomo su cartera y salió de la oficina azotando la puerta con fuerza.
– ¡Ivana vuelve! – Enzo corrió tras ella y todo el piso ya se había dado cuenta de lo que pasaba.
– ¡Al carajo, renuncio! – iba hecha una furia hacia el elevador.
– Por el amor al cielo Ivana, recapacita...- Enzo la tomo del brazo acercándola a su cuerpo – Reconozco que sin ti la empresa no podría avanzar como avanza, sé que te sientes poco valorada pero no renuncies, sin ti yo no soy nada y tú lo sabes. – la sujeto de las caderas para que no se alejara.
–No me voy a quedar solo porque tú me lo pides. – lo empujo y se alejó.
– ¿Por qué no dejas que se vaya? iríamos mejor sin una cobarde, caprichosa como ella... – Mario estaba al lado de Dianina, para mala suerte ya había subido – Es solo una cara bonita que sirve para darle imagen a la empresa, por lo demás no es tan buena empleada. – se cruzó de brazos.
– ¿Qué dijiste excremento de perro? – Ivana se acercó a él – ¡Durante los últimos cuatro meses he estado haciendo tu trabajo mientras que tu atendías a tu mujer y tu feto, me he quedado horas extra en esta puta oficina haciendo lo que te corresponde a ti! – lo apunto con el dedo.
– Lo haces porque quieres, nadie te lo pidió, además eres una estúpida por estar tomando cosas que no van con tu trabajo y no vengas de victima a lloriquear sobre mí, total, mi sueldo me lo estoy ganando sin hacer nada por ti. – Mario no lo vio llegar, de un solo puñetazo Ivana lo mando al suelo como si fuera un trapo.
– ¿Te volviste loca? – Dianina grito y fue hasta el hombre para ayudarlo.
– No me volví loca, me desquicie con dos ineptos buenos para nada, inservibles escorias de la sociedad... – gruño y después se dio la vuelta para ver a su jefe – Perdóname, pero yo ya no puedo con esto y prefiero renunciar antes de acabar con los otros directores que solo son un adorno porque yo no soy idiota de nadie. – respiro profundo intentando retomar la calma.
– Ivana, por favor. – Enzo intento detenerla.
– Por favor nada, ya no lo soporto Enzo y ya estoy harta. – susurro muy cerca del hombre molesta.
Las puertas del elevador se abrieron y ella subió aprovechando el alboroto que se formó cuando Mario se levantó con la boca llena de sangre, las palabras del hombre fueron su punto de quiebre ya que él si le había rogado porque lo cubriera con el trabajo que tenía que hacer e Ivana pensaba ingenuamente en el código de compañerismo que debían mantener aunque no se agradaran, en el apoyo de los tres como un equipo obligado, pero cuando ella solicitaba un favor se le era negado y no solo por Mario o Dianina, Enzo le puso excusas en todas las veces que ella solicito una asistente en el pasado. Sus instructores siempre le dijeron que la violencia no era la solución para nada, que solo era un método de defensa en situaciones donde la vida corría peligro, pero no pudo más, con Mario no pudo más. Salió del edificio y subió al primer autobús que se detuvo en la parada a unos metros del lugar, su celular comenzó a sonar con mensajes de la secretaria, por parte de Dianina y llamadas por parte de Enzo, pero puso el móvil en modo avión porque no le interesaba hablar con absolutamente nadie.
No tenía ni la menor idea de hacia dónde estaba yendo hasta que vio la fuente de la sirena y supo que había llegado a Chiaia, bajo del autobús una parada antes de que este llegara a la terminal y por suerte conocía muy bien ese lado de la ciudad, sabia hacia donde ir en busca de un espacio libre para tratar de recuperar la cordura, si es que aún le quedaba un poco. Comenzó a caminar por unas calles adoquinadas y llego al mirador en la parte más alta de la ciudad, agradeció al cielo porque el lugar estuviera bastante solo ya que no iba a tener inconvenientes con quedarse sentada en una banca abajo de un frondoso árbol que le daba sombra, se quedó sentada con la vista perdida en el bello horizonte del mar azul y por su mente no pasaba ni un solo pensamiento lógico que le pudiera ayudar.
Una vez le paso el coraje comenzó a pensar que acababa de quedarse sin trabajo por un arrebato de ira y de un sentimiento que aún no sabía identificar, porque estaba segura que no era enojo, mas parecía frustración acumulada por tanto tiempo y que al final termino saliendo cuando Enzo llego a su oficina recordándole la forma en que le grito durante la junta, se sintió herida con sus palabras y las resintió tanto porque el hombre siempre la había defendido, siempre era dulce, amable y hasta cierto punto mimoso, pero el oírlo gritarle de esa forma le dolió. Se inclinó hacia adelante apoyando los codos sobre sus muslos mientras pensaba en qué hacer con la situación que ella misma creo y entonces recordó que debía pasar las fotos de su celular a la nube para limpiarlo, antes de una solución a su trabajo debía cuidarse.
– ¿Ivana? – una voz femenina la hizo levantar la cabeza.
Casi se le cae el celular de las manos cuando vio a la mujer que estaba parada frente a ella, con el cabello corto hasta los hombros de color castaño claro, los ojos azules y una sonrisa dulce en sus labios.
– ¡Mamá! – se levantó de un salto de la banca y la abrazo con fuerza.
– ¡Ivana por el amor al cielo, cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que te vi, como has crecido! – la mujer retrocedió unos pasos por el impulso que ella llevaba al momento de abrazarla.
– No sabes cuánto te extrañe Nanava. – Ivana no se pudo contener las lágrimas.
– Yo también te extrañe mi amor... – apretó el abrazo lo más que pudo – ¿Qué haces por aquí? Tu madre me dijo que trabajabas mucho y que no te quedaba tiempo para salir a pasear. – Nanava la llevo a la banca de nuevo.
– Es una larga historia... Mamá me conto lo que paso con Leo y de verdad mi más sentido pésame por eso, me destrozo el corazón saber que papá falleció. – le tomo las manos, incapaz de dejar de llorar.
– Mi niña... – la volvió a abrazar – Leo estaría muy orgulloso de ver la mujer en la que te has convertido, tú eras nuestra princesita y ahora luces completamente cambiada. – le dio un beso en la frente.
Nanava tampoco pudo contenerse las lágrimas y es que el encontrarla sola en aquel lugar fue una auténtica sorpresa, ambas se quedaron abrazadas por un largo rato compartiendo el profundo sentimiento del reencuentro de dos viejas amigas que no se veían hace años, porque cuando Ivana entro a la adolescencia Nanava se convirtió en su mejor amiga y confidente más que en una madre, aunque la manía de llamarla mamá no se le quito nunca.
– Siempre te dije que usaras delineadores aprueba de agua. – Ivana le limpio las mejillas con los pulgares quitando lo n***o bajo sus ojos.
– Sabes que mientras cumpla su función yo no me fijo en eso... – ella le limpio las lágrimas también – ¿Qué me cuentas? – pregunto ya con ambas relajadas.
– Si te contara todo lo que me ha traído aquí, estoy segura que te daría un ataque de risa y de enojo al mismo tiempo. – sonrió de lado.
– ¡Mamá! – un niño se les acerco con una gran sonrisa y abrazo a Nanava cuidando de no tirarle el helado en la ropa.
– ¿Mamá? – pregunto Ivana viéndolo.
– Si, estaba embarazada cuando Leo murió y seis meses después nació Daniel, tiene ocho años y es la viva imagen de su padre. – dijo Nanava orgullosa viendo a su hijo.
– Se parece muchísimo de verdad... – Ivana estaba sorprendida – Hola, me llamo Ivana Alenka. – extendió la mano para saludarlo.
– Se quién eres, Antoni tiene una gran pintura de ti en su oficina, eres más bonita en persona. – dijo el niño sonriendo.
– Daniel ¿Qué habíamos hablado sobre decir cosas secretas? – dijo una voz masculina profunda proveniente de un lado de donde estaban sentadas.
– Lo siento. – el pequeño se abrazó a su madre.
Ivana se había quedado clavada a la banca viendo fijamente al hombre que estaba frente a ella, era el mismo del hotel, aunque supo de inmediato que era Antoni, le costó mucho creerlo porque no se parecía en nada al mismo chico flaquito y de cabello rebelde que despidió en el aeropuerto hace diez años atrás, se había transformado en un hombre con cada una de sus letras. Antoni solo sonrió al verla estupefacta y desvió la vista hacia su madre esperando a que Ivana saltara a sus brazos como la reacción principal que esperaba, así paso después de unos largos segundos, ella se levantó de un salto de la banca y se lanzó a los brazos del hombre quien la levanto del suelo dándole una vuelta feliz de verla, feliz de volver a tenerla en sus brazos.
– ¿Por qué no me hablaste en el hotel? – pregunto Ivana tomándole las mejillas, aun con tacones que usaba, Antoni era más alto que ella.
– Necesitaba estar seguro si realmente eras tú o solo alguien muy parecida... – topo su frente a la de ella – Has cambiado tanto que aún sigo dudando de que seas la misma Ivana que me salvo el trasero tantas veces cuando éramos niños. – susurro clavando sus ojos en los de ella.
– Tenemos el mismo sentimiento, yo tampoco siento que seas el mismo Antoni de hace tanto tiempo. – sonrió y volvió a abrazarlo con fuerza porque le parecía casi irreal el momento.
– Soy tan real como tú. – dijo Antoni ocultando el rostro en el cuello de ella.
Diez años sin verla, sin poder abrazarla, sin respirar su dulce aroma y sin tener ese mismo cosquilleo en todo el cuerpo cada vez que ella le tocaba, aun abrazados él vio a su madre quien tenía una sonrisa ladina en los labios y supo que debían separarse porque no estaban solos, pero ya aprovecharía después para hablar con ella todo lo que quisiera.
– Te dije que era buena idea tomarnos unas horas y venir a caminar. – comento Nanava poniéndose de pie y llevando con ella la cartera de Ivana.
– Claro que lo fue mamá. – Antoni no podía soltarla, más bien no quería hacerlo.
– Vamos a comer algo y hablamos, no saben cuanta falta me han hecho todo este tiempo... – Ivana sonrió – Necesitamos ponernos al día con muchas cosas. – se alejó un poco del mayor.
– ¿A mí no me extrañaste? – una segunda voz masculina tras ella la hizo voltear y toda la sangre se le bajo a los pies.
– ¡No puede ser! – se cubrió la boca al ver al motero del elevador – Por favor, dime que no es Jace. – se volteo a hacia Antoni deseando que se la tragara la tierra.
– Claro que si mi amor, te dije que el destino nos quería juntos y esto es otra prueba de eso. – comento con una sonrisa socarrona.
– ¿Ya se habían encontrado? – Nanava vio a su hijo del medio.
– Si, en el elevador del hotel en Roma... – Jace la tomo del brazo y la acerco a él para abrazarla – Y vaya encuentro que tuvimos. – susurro muy quedito sobre su oreja.
– Dices algo y te lanzo del mirador, le diré a la policía que fue un accidente donde tu resbalaste. – Ivana hizo lo mismo.
– Cuando te comenté sobre ella ya sabias que era Ivana. – Antoni junto sus cejas molesto.
– Te dije que se parecía mucho, mas no que estuviera seguro que fuera ella, la bruja no me quiso decir su nombre cuando se lo pregunte. – dijo Jace mientras ella los veía.
– No suelo dar mi nombre a cualquier persona y menos a los que lucen como moteros narcotraficantes. – se alejó de ellos por temor a que le hicieran algo por su broma.
– Vamos a comer algo, que esto da para una larga charla de reencuentro. – comento Nanava.
– Claro que sí. – Ivana sonrió y sus ojos se fueron hacia Antoni de forma involuntaria.
Comenzaron a caminar hacia una cafetería que Ivana conocía y que no estaba muy lejos de donde se encontraban en esos momentos, mientras ella iba hablando con Nanava los hermanos se mantuvieron unos pasos atrás de ellas porque necesitaban hablar entre ellos y que las mujeres no escucharan.
– Dime que no fue a la mujer que perseguiste al elevador. – comento Antoni en voz baja.
– Me gustaría negártelo hermano, pero fue ella y todo lo que te conté paso tal cual... – respondió Jace – Además como iba a saber que mi pequeña hermanita con cara de hámster había cambiado tanto, las curvas que tiene ahora no las tenía en aquel entonces y no es para nada tímida. – ambos se vieron.
– Espero que no se te salga mencionar a ningún tipo de pareja. – dijo Antoni viéndolo a los ojos.
– Sabes que de mí no es quien tienes que preocuparte, Daniel es bastante chismoso y es a quien más rápido se le va a salir el hecho de que tienes novia. – Jace metió las manos a los bolsillos de su pantalón.
– Por suerte las vi a la distancia y le dije que no mencionara nada sobre ella. – vio como Ivana les iba viendo de reojo.
– Te confieso algo... – Jace sonrió de lado – En estos momentos me siento un poco culpable por haberla acorralado en el elevador, me han venido todos los recuerdos de aquella tierna niña que creció con nosotros... me siento un poquito degenerado. – se encogió en sí mismo.
– No nos une un lazo sanguíneo y ya no es más esa niña que creció con nosotros, ahora es una mujer en todo el sentido de la palabra. – los ojos de Antoni recorrieron el cuerpo de Ivana.
– Eso lo sé ¿Crees que ella deje de vernos como sus hermanos? – pregunto Jace bastante ingenuo haciendo reír a su hermano mayor.
– No la vi muy afecta al enterarse que fue a su hermano adoptivo al que le comió la boca en un elevador... – respondió con burla – Ivana ya no es una niña, asume eso y te será más fácil tratarla. – puso su atención en que Daniel no se alejara mucho de ellos porque era un pequeño despistado.
– Te es fácil decirlo porque tu habías dejado de verla como una hermana mucho antes de que nos mudáramos. – Jace le reclamo un poco.
Ivana iba escuchando las palabras de Nanava y respondía aunque no iba prestándole mucha atención porque su mente iba en una sola cosa, lo mucho que esos dos habían cambiado y que ahora debía darse a la tarea de conocer a un m*****o más de la familia Giuseppe.
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Un nuevo día, un nuevo comienzo y el temor de la pequeña Ivana solo iba en aumento porque no quería enfrentarse de nuevo a las chicas que la acosaron el día anterior, al bajar del auto las vio en la entrada a las tres y parecía que la estaban esperando.
– ¡No temas! – gruño Leo al verla retroceder con temor.
– Ya vio lo grande que son. – Ivana levanto la cabeza y lo tomo de la mano.
– Yo soy más grande que ellas y te daré una paliza si no aprendes a defenderte por tu cuenta. – el hombre le tomo la mano y la arrastro.
– Papá ¿La iras a dejar a su salón? – pregunto Jace tomando su otra mano.
– Si, le tiene miedo a las tres gorilas que están en la puerta. – dijo Leo viéndola de reojo.
– No les tengo miedo. – se soltó de la mano del hombre.
Camino hacia la puerta de entrada con molestia ya que cada vez más le estaba enojando el que Leo la estuviera intimidando de esa manera, le daba mucho coraje cuando la llamaba cobarde pues ella no lo era, era muy difícil para Ivana enfrentarse por primera vez a un acoso físico y es que paso escuchando en sus entrenamientos que no debía dejarse llevar por sus sentimientos, el pelear era la última opción.
– Miren quien viene ahí... – la chica gorda se cruzó de brazos – Es la rara que tiene ojos de perro, creí haberte dejado claro que te alejaras de Antoni porque sé que ustedes no son hermanos. – el mayor no había llegado con ellos porque tenía una cita médica.
– Creo que habrá que darle otra lección. – dijo su amiga intentando cerrarle el paso.
– ¡Déjenme en paz! – Ivana no se iba a detener y paso al lado de las chicas.
La más grande la agarro de la mochila y la jalo hacia ella tomándola después del cabello, Ivana no pudo más, con un manotazo se libró del agarre y con la otra mano le metió un puñetazo que la tiro al suelo, al segundo se formó un alboroto con los demás alumnos que vieron la escena y lo que todos ignoraron es que la directora también vio todo.
– ¡Vasta! – grito la mujer al ver que las otras dos se iban a meter a pegarle a la pequeña.
– Espero que haya visto como esa niña intento golpear a la mía. – Leo tenía ganas de reírse y Jace estaba asombrado.
– Si lo vi señor Giuseppe, le aseguro que esto no se quedara así y estas tres abusadoras van a recibir su castigo... – vio hacia abajo – Ivana a tu salón y ustedes tres a la dirección. – la chica gorda se puso de pie.
– Me rompió el labio, esa niña es una salvaje y debería expulsarla. – reclamo haciéndose la inocente.
– Valentina, Luciana y Ana... las tres a mi oficina ahora mismo. – sentencio la directora.
– Jace, llévate a tu hermana a su salón, yo me voy a quedar para enfrentar a los padres de estas tres. – entrego su abrigo a uno de los guardaespaldas.
Jace tomo la mano de Ivana y se la llevo a su salón dejando que los adultos resolvieran los problemas por su cuenta.
– Eso estuvo increíble. – susurro el chico cuando estuvieron frente al salón.
– Mamá me va a matar cuando llegue a casa y se entere de lo que hice. – Ivana lo abrazo porque tenía ganas de llorar.
– No tiene por qué, tu solo te estabas defendiendo... – le dio un beso en la cabeza – Te prometo que te voy a defender si quiere hacerte algo... – le tomo las mejillas con las palmas – Voy a proteger a mi pachoncita preciosa. – la apretó con suavidad.
– ¡Vete a tu salón! – rio alejándose del chico.
Las primeras dos horas estuvo con su profesora recibiendo las clases normales y después del receso la profesora que les iba a dar informática no llego, les dieron la hora libre y pudieron salir a los jardines a jugar.