Llegaron a la cafetería y como dos buenos caballeros corrieron las sillas para que las damas tomaran asiento, con cada acción que Antoni hacia solo podía incrementar el nerviosismo en el cuerpo de Ivana, era algo que no podía explicarse ni a ella misma porque se sentia tan extraña cada vez que recibía una atención más exclusiva. Una de las meseras se acercó para tomar las órdenes de todos y le causó gracia escuchar a Daniel pedir un batido de chocolate, aunque acababa de terminar un helado de lo mismo, Ivana tenía más ganas de un ron que de un café, pero eso ya podría pedirlo más noche en una barra así que optó por un jugo de moras con unos cuantos macarrones dulces y los demás se fueron por la opción primaria.
– ¿Qué te trajo a este lugar Ivana? – Jace fue el primero en preguntar y es que estaba frente a ella.
– Si te contara no me lo creerías. – sonrió de lado.
– Hemos visto tantas cosas que no creo que pueda sorprendernos nada. – comento Antoni sentado a su derecha.
– Bueno, le grité a mi jefe y le pegue un puñetazo a mi compañero de trabajo, le grite a mi compañera y les dije un par de verdades que me venía aguantando desde hace meses atrás. – consiguió que toda la familia la viera.
– ¿Hablas en serio? – Nanava parecía ser la más asombrada.
– Si... – le mostró el dorso de su mano derecha – Sus dientes lastimaron mi mano y es probable que la policía me esté buscando en estos momentos por abuso animal. – trato de parecer divertida, pero estaba preocupada, aunque no lo aparentaba.
– Te vez muy tranquila para haber hecho lo que dices. – dijo Jace.
– Cuando Nanava me encontró estaba a nada de romper en llanto, acabo de mandar seis años de mi vida laboral al diablo... Pero ¿Qué voy a hacer? Disculparme no creo, me las había estado guardando por mucho tiempo y hoy simplemente revente. – se encogió de hombros.
– Trabajas para Enzo Marino ¿Verdad? – se suponía que iría a reunirse con Antoni el mes que venía.
– Si, yo sería su representante en Sicilia y me encargaría de negociar contigo en los nuevos proyectos de inversión. – Ivana lo vio a los ojos manteniendo su sonrisa.
– Verás que todo va a estar bien... – él le tomo la mano – Puedes ir a Sicilia y pasas unas vacaciones en casa, te vez muy agotada. – su sonrisa fue una descarga de ánimo para ella.
– Es una gran idea... – Nanava le tomo la otra mano – Vamos a tu apartamento y empacas unas cuantas prendas de ropa, te encantaría la casa en la que estamos viviendo en estos momentos, es enorme y tiene piscina. – estaba muy emocionada.
– Podríamos salir a pasear en el yate y a nadar a la playa. – dijo Daniel sonriendo.
– ¿Por qué mejor no la secuestramos? No tiene trabajo y sus padres confían en que sabe cuidarse sola, nadie la va a extrañar por unos cuantos días... o meses, todo dependerá de cuanto nos divirtamos. – la sugerencia de Jace le erizo la piel por el tono en que lo hizo.
– Me gusta más la sugerencia de Nanava. – desvío la vista un poco inquieta porque parecía que hablaba muy en serio.
– La sugerencia de Jace tampoco está tan mal, yo me puedo encargar de tu ropa y te quedas con nosotros por un largo tiempo. – si Jace le erizo la piel, Antoni la hizo temblar.
– No creo que sea una buena idea, el secuestro no es un acto criminal. – comento mordiendo su labio inferior.
Por suerte llegó la mesera con todo lo que ellos habían ordenado, le gusto estar entre toda la familia Giuseppe y es que la trataban como si jamás se hubiesen separado, incluso Daniel compartió un poco del pastel con ella ya que el pequeño conocía parte de la historia que Ivana tenía con la familia y Nanava le enseño que ella era una hermana más, se sumergieron en todas las risas recordando algunos momentos del pasado, pero a Ivana la seguía preocupando el tema de su trabajo porque sabía que hizo mal al descontrolarse de esa manera y también sabía que iba a tener que disculparse, al menos con Enzo porque pensaba que Mario se merecía lo que le hizo.
– ¿De verdad lo tiraste al suelo de un puñetazo? – pregunto Jace cuando por fin pudo controlar la risa.
– Es ofensivo que dudes de mis capacidades. – Ivana hizo una mueca con su boca.
– No es que dude de ti amor, pero te ves muy frágil como para tirar al suelo a un hombre mayor que tú. – Jace siempre la había subestimado.
– Si con doce años era capaz de tirarte al suelo y hacerte llorar ¿Cómo puedes dudar de sus capacidades ahora que es una mujer adulta? – Antoni se movió bruscamente porque Jace le metió un puntapié.
– Idiota... Si pasaba eso es porque yo me dejaba, Ivana no hubiera aguantado un golpe dado por mí, era adolescente y tenía más fuerza que ella. – levantó el brazo y lo flexionó haciendo que sus muslos se vieran porque andaba una camiseta de algodón.
– Ahora es que te vez como un gajo de uvas todo pelotoso por los músculos... – Daniel se rio ante el comentario – Antes te veías como una lagartija escuálida y desnutrida, dabas mucha pena. – dijo Ivana viendo al niño que no paraba de reír.
– Lo dice la tabla andante... A los catorce años las mucamas la confundían con la mesa de planchar... – está vez fue Jace quien encogió las piernas porque le pegaron bajo la mesa – Desgraciada, me diste con la punta del tacón. – le reprochó con la mirada.
– Lo dice el pichón de cotorro. – junto sus cejas sintiéndose ofendida, el pobre Daniel se estaba ahogando de la risa.
– No seas grosero con ella, Ivana siempre fue una niña preciosa. – dijo Nanava reprochándole a su hijo con la mirada.
– Sin mencionar que era la hija favorita de papá. – agrego Antoni.
– En eso tienes razón, era la hija favorita de papá... Yo la princesa obediente y ustedes dos los sapos que le sacaban las canas verdes. – se mordió el labio inferior riendo mientras reía.
– Pero estos sapos ya recibieron los besos de verdaderas princesas y nos transformamos en reyes guapetones. – Jace movió sus cejas burlón.
– ¡Auch! Eso de verdad dio justo donde me importa un carajo. – lo reto con la mirada y el hombre a su lado se rio.
– Dios, la niña creció y ahora es una mujer que sabe defenderse. – Nanava sonrió viendo a Ivana.
– En este mundo tan competitivo o eres un lobo o eres un cordero y no llegue a ser directora de operaciones por ser una princesa educada, tímida y dulce. – sonrió con amargura recordando su realidad nuevamente.
– Creo que si hablas con tu jefe te puede devolver el trabajo y si le explicas que fue lo que te paso podría comprender que llegaste a tu limite. – Antoni se dio cuenta de su malestar.
– He estado trabajando durante los últimos seis años con él y nunca pedí vacaciones porque no las necesitaba, me dedico a viajar y a ir a juntas que para mí eran divertidas, no sé en qué momento eso me dejó de parecer divertido y paso a ser algo agobiante ya que me la he pasado sola por mucho tiempo. – se recostó en la silla y adoptó una posición floja.
– No siempre es bueno concentrarse solo en el trabajo, creo que te hartaste de trabajar y de tomar cosas que no te correspondían. – comento Jace viéndola asentir.
– Quizás tengas razón, pero ¿Quién no se hartaría trabajando de buena voluntad tiempos extras y que nadie lo valore? – respiro profundo.
– Ni un jugoso sueldo compensaría algo como eso. – dijo Nanava viéndola.
– Claro que no, estoy cansada y la verdad amo mi trabajo, pero estoy aburrida de que me vean de menos y no valoren lo que hago, Mario incluso dijo que yo no era más que una cara bonita que servía para representar a la empresa, pero he hecho su trabajo y de forma excelente. – apretó los labios con molestia.
– Oye anímate, vamos a caminar a la villa comunal. – Antoni la tomó de la mano y la ánimo un poco dándole un beso en el dorso.
– ¡Si, vamos a caminar a la playa! – Daniel alzó los brazos feliz de la idea.
– Vamos a caminar, Ivana deja tu cartera en mi auto y de paso deja tu saco ¿No estás acalorada con eso? – Jace se puso en pie al igual que los demás.
– Claro, hace mucho calor. – se quitó el saco y arrollo las mangas de su camisa.
Todos se levantaron de la mesa e Ivana iba a pagar lo que bebió aunque Jace la tomo de la cintura para alejarla dejando que fuera Antoni quien cancelará toda la cuenta, fue jugando con Jace y Daniel mientras iban de camino al estacionamiento donde ellos habían dejado los autos; Ivana dejo bien acomodado su saco en el asiento del copiloto en el auto de Antoni ya que fue quien lo abrió primero, saco de su cartera el celular y por un segundo pensó en quitarle el modo avión porque sintió curiosidad saber que tanto se preocupaba Enzo por ella.
– ¿Tienes llamadas de tu jefe? – pregunto Antoni al verla contemplar el aparato.
– No lo sé la verdad, me desconecté del mundo virtual y tengo miedo de volver a el porque sé que no me van a dejar tranquila. – lo metió en el bolsillo de su pantalón.
– Ivana... – se acercó un poco más a ella – No sabes cuánto te he extrañado todo este tiempo y me duele mucho el que hayamos perdido contacto. – le acarició la mejilla con ternura.
– Las cosas pasan por algún motivo y creo que lo más importante ahora quizás sea recuperar el tiempo perdido, volver a recuperar la amistad que teníamos antes. – llevo su mano derecha al abdomen ajeno acercándose un poco más.
– Claro, hay que darnos prisa a recuperar la amistad. – retrocedió un poco haciendo que ella también se alejara.
Ivana se soltó el cabello del ajustado moño que se había hecho desde la mañana y lo alboroto un poco porque le estaba comenzando a doler la cabeza, apresuro el paso para alcanzar a los demás que ya iban bastante lejos de ellos sintiendo un poco de incomodidad por la acción del hombre, vio que Antoni había hecho lo mismo con su camisa celeste aunque sus ojos bicolor fueron directamente hacia el tatuaje que cubría completamente la cara interna de su antebrazo derecho; cerca de la muñeca era un bosque de pinos y un río, en la parte media estaba el rostro de un lobo y sobre este dos montañas rocosas de donde salía la luna llena, era un tatuaje magnífico y con muchos detalles en tonos oscuros aunque lo que más llamó su atención fue que los ojos del lobo eran bicolor, igual que los suyos.
– Dime qué es de los tatuajes que salen en las golosinas. – comento tomándole el brazo para verlo más cerca.
– Fue un trabajo de dos días y de aguantar mucho dolor, no lo desprestigies así. – dijo Antoni riendo.
– Yo le dije que le hubiese quedado mejor mi nombre en su pecho. – Jace pasó su brazo por los hombros de su hermano.
– Me hubiese puesto cualquier cosa menos un tatuaje de ramera como el que tienes en la espalda. – le dio un codazo en el abdomen para alejarlo.
– Solo estás celoso porque el mío se ve mejor. – dijo Jace con mucho alarde.
– Es muy lindo... – paso las yemas de sus dedos por el rostro del lobo – ¿De qué es el tuyo? – pregunto Ivana deseando verlo también.
Jace sonrió de lado y muy quitado de pena se levantó la camisa para quitársela, fue un acto involuntario que los ojos de Ivana se fueron directamente desde su abdomen hasta el pecho y es que todos sus músculos estaban muy marcados, los pectorales y hasta la V en su pelvis estaba bien definida, rápidamente subió la vista al verlo darse la vuelta y se dio cuenta del tatuaje que hablaba; Jace le mostro la espalda y eran dos alas que salían del centro de su columna, cubrían los omóplatos, se expandían hacia sus hombros y cubrían la cara trasera de los bíceps.
– ¿Cuál de los dos se ve mejor amor? – pregunto Jace muy sonriente.
– No sé qué decir la verdad, ambos son hermosos y los detalles son impresionantes. – los vio y no podía decidir.
– Vas a tener que decidir o se van a enfrascar en una pelea como siempre lo hacen, compiten hasta por la rebanada más grande de pan. – dijo Nanava negando con la cabeza.
– Vamos a la playa, quiero ir a jugar con la arena. – Daniel tomo del brazo a su madre para jalarla.
Jace se puso la camisa y los tres siguieron a la mujer, la villa comunal no estaba muy lejos de donde estaban y la caminata fue grata para ir hablando, por suerte Jace ya se había puesto la camisa o hubiera sido imposible caminar sin que las chicas se les pusieran en frente para llamar su atención, el cerco de enormes rocas daba una vista hermosa a toda la playa e Ivana tuvo que quitarse los tacones para poder caminar en la arena sin hundirse además que se vería ridícula andando por la playa con tacones ejecutivos, soltó una carcajada al ver a Daniel empujar a Jace hacia el agua y después fue el turno de Nanava para empujar a su hijo haciendo que este se mojara mucho más los zapatos.
– Al menos saben cómo divertirse. – dijo Antoni tras ella.
– Es bueno que así sea, no siempre lo mejor es mantenerse en seriedad. – ambos comenzaron a caminar.
– ¿Qué ha sido de tu vida a parte de trabajar? ¿Estas casada o vives en pareja? – cuestionó el hombre mientras iban juntos.
– Pues, en estos meses me la he pasó viajando entre Los Ángeles y Las Vegas, viajes por casi toda Italia y en un par de ocasiones fui a España por cuestiones del mismo trabajo, no tengo pareja, no tengo ni siquiera un perico que me haga compañía. – no había nada interesante en su vida.
– ¿No tienes pareja? – siguieron caminando y ambos rozaron sus manos en el andar.
– Nada formal, no me queda mucho tiempo para pensar en formalizar relaciones y además los hombres corren de mi cuando saben a lo que me dedico. – mantuvo su cabeza abajo ocultando una ligera sonrisa.
– Quizás deberías intentarlo con chicas. – Antoni bromeó un poco.
– Las hermosas damas... – suspiro levantando la cabeza- Cuatro mujeres llegaron a mi vida, dos de ellas me buscaban solo por mi dinero, la otra me dejó porque no le prestaba la atención que ella exigía y la cuarta me hizo uno de los renos de papá Noel. – está vez fue Ivana quien sonrió.
– Creí que solo salías con hombres. – se quedó un poco confundido porque nunca supo cuáles eran sus gustos reales.
– No, con el tiempo me di cuenta de que me gustaban los hombres y las mujeres por igual... Espero que eso no te ofenda de alguna manera. – se sentó sobre una roca plana.
– Claro que no, que seas bisexual me parece algo muy normal y hasta cierto punto debería haberlo sospechado cuando te ponías a ver revistas pervertidas con nosotros. – Antoni hizo lo mismo.
– De verdad me hubiese encantado ser yo con quién cerraras las negociaciones para el restaurante con Enzo. – ella se recostó sobre el hombro de él.
– Estoy seguro que no te van a despedir, Enzo se ve que es buen tipo y es comprensivo, él trabajaba con papá y quizás por esa amistad con la familia pueda convencerlo de que te devuelva el trabajo. – le tomo la mano para darle ánimos.
– Eres un amor de persona, creo que he salido de peores situaciones y poder encontrar otro trabajo, aunque sea de mesera, después de todo fui yo quien renuncio. – Ivana soltó una risita divertida.
Estuvieron conversando por un largo rato hasta que la noche estuvo ya bastante entrada e Ivana se enteró de que ambos se unieron para comenzar con una discoteca la cual les sirvió como trampolín para comenzar a invertir en otras cosas más hasta ser lo que ahora eran en esos momentos, dos jóvenes millonarios inversionistas dueños de restaurantes, bares y discotecas por toda Italia. No estaba en sus planes acompañarlos a cenar, pero Nanava insistió tanto que le dio más pena seguirse negando, había olvidado cuando fue la última vez que se rio tanto en una cena con chistes que de verdad daban gracia y no como los absurdos que contaban los empresarios, mucho dinero, pero poco humor.
– Vuelve con nosotros a Sicilia, te juro que te va a encantar y te la pasarás mejor con nosotros. –Nanava le tomo de las manos.
– De verdad me encantaría, pero hay cosas que necesito resolver antes de tomar la decisión de fugarme. – Ivana la abrazo con fuerza.
– Vamos mi bella pelusa, te llevaré a tu casa. – Jace la abrazo por la espalda dándole un beso en la mejilla.
– Creo que sería mejor que te la lleve yo. – Antoni la tomo del brazo y la alejó de su hermano porque era muy confianzudo.
– No creo Toni... – Jace la tomo del otro brazo y la acercó a él de nuevo – Yo soy quien anda en el Ferrari y tú tienes el auto de la abuela. – ambos no la soltaron y querían separarla del contrario.
– Quieren comportarse, parecen dos chiquillos peleando por un juguete. – Nanava los agarró por las orejas para que dejaran de jalarla de un lado a otro.
– Prefiero irme como llegue, en autobús. – se alejó de ellos.
Tomo su saco y la cartera para caminar hacia la parada porque no pensaba ser el juguete de esos dos, aunque a medio andar un brazo musculoso paso por su cintura deteniéndola, era Jace quien había corrido para alcanzarla, la levanto del suelo y le dio una vuelta.
– Ya es muy tarde para que una princesita como tú ande sola por las calles. – dijo sonriendo de forma coqueta.
– Creí que ibas a seguir peleando con tu hermanito. – vio hacia atrás y a la familia subir al auto.
– Antoni tenía miedo de que fuera a hacerte algo, te sigue viendo como una niña entre dos hombres y cometí el error de contarle lo que hicimos en el elevador. – le tomo la mano para llevarla a su auto.
– No tiene nada que temer, yo se defenderme solita y si intentas hacerme algo te voy a electrocutar. – entrelazo sus dedos con los del hombre.
– Ahora comienzo a pensar que debería ser yo quien esté preocupado. – le guiño un ojo sonriendo.
La dio mucha gracia ver el Ferrari en color rojo que manejaba Jace, era tan él que casi se le hacía hilarante, dejo que el hombre abriera la puerta del copiloto antes de subir y estando una vez adentro vio con mucha atención el interior con los asientos de cuero en color n***o, el olor a pino y lo limpio que estaba la hizo dudar que de verdad fuera el auto de Jace porque sabía que era un descuidado, pero las personas cambian con el tiempo.
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Ivana se quedó en las mesas techadas mientras sus demás compañeros se quedaron en las canchas jugando, estaba aburrida y casi se queda dormida recostada sobre la mesa, pero el timbre la sobresalto.
– Ivana... – el llamado de Antoni la hizo levantar la cabeza – ¿Qué haces solita aquí? – se sentó a su lado.
– No tenía ganas de estar jugando con ellos. – saco de su lonchera el almuerzo que había llevado.
– ¿Por qué no me dijiste que Valentina te estaba acosando? – la vio bajar la cabeza.
– Porque ya te he dado muchos problemas, muchos de tus compañeros te molestan porque pasas mucho tiempo conmigo y no quería causarte más problemas. – dijo Ivana muy desanimada.
– Si yo quiero pasar tiempo contigo es porque se me da la gana, soy libre de escoger con quien quiero estar y no me importa lo que unos críos idiotas digan de mí, te quiero... – extendió su brazo en la mesa y se recostó en este para verle la cara – No me voy a cansar de decirte lo preciosos que son tus ojos... – la vio sonreír – Pero más preciosas son esas sonrisas, te ves mejor sonriendo que con ese semblante triste. – Ivana se sonrojo.
– Eres un tonto. – se puso las manos en las mejillas porque las sintió calientes.
– Pero me quieres siendo tonto y todo. – ella le estaba viendo entre sus deditos.
– Te prepare un sándwich... – lo saco de su lonchera – Sé que saliste muy temprano de casa a tu cita médica. – lo vio desenvolverlo y morderlo.
– Sabes que me gusta mucho lo que me preparas para comer... – vio el sándwich – Pero debes tener cuidado cuando los preparas. – el queso amarillo todavía tenía el plástico.
– ¡Perdóname! – se cubrió la boca preocupada.
– ¡Ivana! – el grito de Jace los hizo voltear – Gracias por el sándwich, pero a la otra, quítale el plástico al queso por favor. – se sentó al otro lado de Ivana.
Los tres se soltaron a reír divertidos por el pequeño accidente que tuvo Ivana con su preparación esa mañana, no era la primera vez que le pasaba y los hermanos entendían porque todavía la veían como una pequeña bebita que tenían que consentir, que cuidar mucho, pero después de lo que paso el cuidado iba a tener que ser menos porque ella podía sola.