Se mantuvieron en silencio todo el camino de vuelta al apartamento de Ivana y es que la música suave de jazz era suficiente para dejar un ambiente muy agradable entre ambos, de vez en cuando le veía de reojo y no se podía creer lo mucho que Jace había cambiado al igual que había cambiado Antoni, ya no podía verlo como un hermano por la gran metida de pata que dio en el elevador; cuando el auto se detuvo Ivana sonrió de lado viendo el edificio a través de la ventanilla, ese enorme edificio que le dio la bienvenida a su vida de adulto independiente y fue lo primero que pago con el primer sueldo como directora de operaciones. – Gracias por traerme. – comento poniendo sus ojos sobre el hombre. – No hay de que amor ¿Qué va a pasar con tu trabajo? – pregunto Jace poniendo el seguro automático

