Jess En cuanto nuestros labios se separaron algo muy raro, que nunca antes había sentido antes recorrió mi cuerpo. A pesar de que no podía ver por la oscuridad, esos labios, esa respiración, ese toque me eran familiares, tanto que no necesitaba verlo para saber de quien se trataba. Mis ojos se fueron abriendo de a poco. Aun podía sentirlo parado frente a mi. Él tomó mi mano con la suya, me guió hasta la salida. Durante el corto trayecto nunca me soltó, era como si tuviera miedo de perderme en ese pequeño tramo. Su agarre era estable, suave, pero a la vez temeroso. En cuanto su rostro fue alcanzado por la luz del sol, ya no tuve dudas. Era Dylan. Mi mente me decía que me alejara, que lo ignorara, pero mi corazón no quería eso. El quería quedarse con Dylan, no quería separarse de él

