Sorpresa El corredor de propiedades estaba nervioso, tratando de no mostrar su ansiedad mientras organizaba los papeles en su escritorio. No tenía idea de que la joven que había reservado la cita era, en realidad, la emperatriz del imperio. Ella había llegado vestida de manera sencilla, sin los habituales adornos que solían acompañar a la realeza y le había dado su nombre de “Leo D’Aurial”. A decir verdad, no había prestado demasiada atención a su aspecto, concentrado más en los papeles y en sus propios nervios por la cita. Ahora, al ver el carruaje imperial y los escoltas que lo acompañaban, dudó en estar en la hora acordada. Miró su reloj de bolsillo y confirmó la hora. Cuando la emperatriz bajó del carruaje con Kaelion, el corredor dio un pequeño traspié. Estaba a punto de saludar co

