El Emperador Seducido Leocadia, al sentir la proximidad de Kaelion mientras danzaban, no pudo evitar una sonrisa juguetona. Sus manos se movían con una gracia fluida, pero con una intención sutil que solo él podría captar. Deslizó sus dedos lentamente por la tela de su chaqueta, rozando su pecho de manera casual, pero lo suficientemente cercana como para que Kaelion sintiera la electricidad entre ambos. El emperador, que había intentado mantener su compostura ante la mirada curiosa de los asistentes, sintió cómo su cuerpo reaccionaba involuntariamente a cada toque de Leocadia. Su respiración se hizo más profunda y el deseo que había estado reprimiendo durante tanto tiempo comenzó a despertarse de forma intensificada. Su libido, que había estado casi apagado por los efectos de los anticon

