El Descaro del Emperador Kaelion observó a Leocadia con una mezcla de satisfacción y deseo, mientras ella se acomodaba el vestido. Los pequeños movimientos que hacía revelando lo que acababa de suceder entre ellos. El ambiente seguía cargado de la misma electricidad que los había envuelto momentos antes y no podía evitar notar el cambio evidente en ella. Su rostro sonrosado y los labios ligeramente hinchados por los besos que aún ardían en su memoria, la hacían lucir aún más deseable. Con una sonrisa cómplice, Kaelion se enderezó, ajustándose el chaleco y los pantalones, mientras sus ojos recorrían cada detalle de ella. - Debemos volver... - murmuró con la sonrisa cargada de una satisfacción que no podía ocultar. No era solo el deseo o el acto lo que lo había conquistado, sino la forma

