Los Médicos que la revisaron Leocadia se encontraba sentada en su trono, rodeada de la opulencia de la sala del consejo, mientras los médicos culpables de sus sufrimientos se encontraban frente a ella. El silencio era denso, casi insoportable. Había logrado encontrarlos y vigilarlos en sus puestos de poder, ofreciendo favores e incluso promesas de impunidad para ver sus límites, pero nunca había revelado sus verdaderas intenciones. A ellos, su frialdad parecía ser solo una cortesía, pero ella sabía que, al final, nadie que la subestimara podría escapar de su venganza. Con voz suave, pero cargada de poder, Leocadia les habló: - Saben lo que han hecho. Ustedes se prestaron para someterme a esa humillación. Trataron de hacer creer al pueblo y a mi esposo que mi cuerpo no era digno de ser e

