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903 Palabras

El emperador lo siguió a galope hasta llegar a su lado, en una pradera donde Soren se había detenido. Los dos hombres, aún montados, permanecieron en silencio por un largo momento, el aire fresco de la tarde envolviéndolos con su calma. Kaelion, sin embargo, no podía ignorar lo que le había dicho su cuñado. Las palabras de Soren aún retumbaban en su cabeza. En su corazón, sabía que tenía que compartir algo más profundo, algo que solo confiaba a alguien que realmente entendiera el peso de la situación. Con un suspiro, Kaelion dio un pequeño toque a las riendas de su caballo, obligándolo a caminar lentamente. A medida que se adentraban en el sendero que los llevaría de vuelta al palacio, Kaelion se adelantó un poco y, al sentir la presencia de Soren a su lado, decidió hablar. - Soren... ha

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