Cuñado El sol brillaba intensamente sobre el campo abierto, mientras Soren y Kaelion cabalgaban por el sendero polvoriento de los jardines imperiales. La quietud del momento era engañosa, pues debajo de esa calma, las tensiones comenzaban a acumularse, como si el aire mismo estuviera cargado de algo irremediablemente inevitable. Kaelion, acostumbrado a la soledad de sus paseos, observaba la belleza del paisaje mientras su caballo trotaba al ritmo de su propia mente. Sin embargo, a su lado, Soren parecía decidido a romper ese silencio. El príncipe heredero de Glen, aún no del todo acostumbrado a la majestuosidad de la corte imperial, tenía una mirada fija en el emperador, como si tratara de medir no solo su poder, sino también sus intenciones. - Emperador Kaelion. - dijo Soren, con tono

