Protegiéndote en la Incertidumbre La habitación estaba envuelta en un silencio pesado, interrumpido solo por el tenue crepitar de las llamas de los candelabros. La gran cama imperial parecía inmensa y en su centro descansaba el cuerpo inconsciente de Leocadia. Su rostro estaba pálido, casi traslúcido y mechones de su cabello rubio se adherían a su frente perlada de sudor. Parecía tan frágil como una hoja al borde de quebrarse. Kaelion estaba sentado a su lado, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza inclinada, las manos entrelazadas como si sostuviera un peso invisible. Su mirada estaba fija en ella, en cada leve movimiento de su pecho al respirar, como si cada uno fuera un milagro. La imagen de su aura desbordándose seguía grabada en su mente. Había sido hermoso, poderoso, pe

