Sé Honesto y Abre Tu Corazón Leocadia abrió los ojos lentamente, sintiendo cómo la luz suave del amanecer atravesaba las cortinas de la habitación. Sus párpados pesaban y su cuerpo entero estaba envuelto en una calidez extraña, pero reconfortante. Al girar ligeramente la cabeza, lo primero que vio fue el rostro de Kaelion. Estaba sentado en una silla junto a la cama, inclinado hacia adelante con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en ella, cargada de preocupación. - Kael... - susurró, su voz apenas audible. Su garganta estaba seca, pero la fuerza con la que pronunció su nombre hizo que él reaccionara de inmediato. - Leo. - dijo al tiempo que se incorporaba rápidamente. Se sentó en el borde de la cama y tomó su mano con cuidado, como si temiera romperla - Estás despierta.

