Pov Vladimir Arabella se mueve entre los invitados como si yo no estuviera aquí. Como si no fuera yo el hombre que alguna vez la tuvo temblando bajo su cuerpo, jadeando su nombre con la voz rota. Como si no fuera yo quien ha marcado cada centímetro de su piel, quien la ha arrancado del infierno y también la ha arrojado a él. Y sin embargo, esta noche, ella camina con la cabeza en alto, con esa maldita arrogancia tan suya, con su vestido rojo ajustado sobre su vientre redondo y su mirada azul cielo clavada en todos lados menos en mí. Los murmullos se apagan cuando ella pasa. Los hombres no disimulan cómo se les va la vista a su escote, a sus caderas, a esa curva nueva que anuncia lo que ni yo mismo sabía. Y yo… yo siento que algo me desgarra desde dentro. Renato me dice algo al oído,

