La playa estaba tranquila esa noche, iluminada con antorchas altas que marcaban el pasillo de arena. El altar se levantaba al final, adornado con telas blancas que se movían con la brisa fría y flores claras que contrastaban con la oscuridad del mar. La música sonaba baja, de cuerdas suaves, acompañando el murmullo constante de las olas. Los invitados ya estaban sentados. Vladimir ocupaba la primera fila, con Vadim en brazos, el niño de cabellos rubios despeinados y ojos azules idénticos a los de Arabella. Ella estaba junto a él, atenta, con una expresión serena. Harry y Henry se encontraban a un costado, rectos, serios. Anabella estaba con Gabriella, que miraba la ceremonia con los ojos húmedos, tomada de la mano de Terzo hasta que llegó el momento de levantarse con su hija. Renato, habí
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


