Salimos de la cabaña después de comer una ensalada de fruta. Lo único malo de estar tan apartados es que no hay restaurantes cerca y hay que ir hasta el pueblo si queremos comer la comida típica del lugar. —¿Listo para explorar la isla? —Nos pregunta la guía turista con amabilidad. Vladimir no responde y yo digo un “sí”, enérgico. Me pregunto si todos los hombre de su familia son así de arrogantes y malhumorado o solo es él. La guia que se llama Ana, ya tiene todo preparado para el viaje junto a su esposo que se llama Alvaro. —Procura siempre estar cerca de mi —me dice Vladimir serio. Se puso un pantalón de algodón n***o y un franela cualquiera del mismo color. Yo opté por ponerme unos shorts de jeans y una franela blanca. Vladimir insistió en qué usara algo que tapara mis piernas pe

