Siento como el avión desciende en el pequeño aeropuerto de Visby. Él corazón me late con tanta rapidez que siento como martillea mis costillas con fuerza, quitándome el aliento y erizando mi piel. No sabía a dónde sería nuestra luna de miel, Vladimir no me lo dijo y solo me subió en unos de sus aviones privados y me trajo aquí. Fueron dos horas de viaje, las suficientes para que mi esposo estuviera irritado y deseoso por llegar. —No puedo creer que estoy en Suecia amor —le digo tomando la mano que me tiende y bajando con él del avión. Los hombres que trajimos con nosotros toman nuestras maletas y ambos avanzamos dentro del aeropuerto. Él lugar es pequeño, acogedor, con muchas fotografías pegadas en las paredes y mapas viejos de las islas alrededor. Detallo todo sonriendo mientras Vladimi

