POV Arabella Las horas se vuelven líquidas, sin forma. No sé si han pasado dos o seis, solo sé que no me he movido de esta silla. Vladimir sigue inmóvil, igual que antes, pero cada tanto su respiración cambia levemente y yo me aferro a ese detalle como si fuera un milagro. Un sonido bajo me hace girar la cabeza. Jasire. Mi león se desliza silencioso por el marco de la puerta, la cabeza baja, la mirada fija en la cama. Se acerca sin hacer caso a los murmullos de dos guardias que intentan detenerlo. —No —digo, sin apartar la vista de Vladimir—. Déjenlo. Mi tesoro se acomoda en el suelo, junto a la camilla, como si fuera un centinela de carne y músculo. Sus ojos ámbar se clavan en cualquier movimiento alrededor. Un enfermero intenta acercarse por ese lado y Jasire muestra los dientes,

