Alex sintió que su pecho se comprimía. Había esperado respuestas durante años, y ahora que las tenía, su mundo se tambaleaba aún más. Carlos masajeó su frente con frustración, su mandíbula apretada con fuerza. —Esto es una locura… —murmuró—. No puedo procesarlo. Dante lo miró con seriedad. —No tienes que procesarlo ahora. Pero necesitas entender algo, Carlos: Alex no es la misma niña que conociste. Carlos levantó la vista, su expresión una mezcla de rabia y dolor. —No me digas eso como si no me importara. ¡Es mi hermana! —Y yo soy el hombre que la protegió cuando el resto del mundo la abandonó —replicó Dante con calma—. No olvides eso. Alex sintió su garganta cerrarse. Estaban discutiendo sobre ella como si no estuviera allí, pero no podía interrumpir. Apenas podía respirar. —¿Qué

