Alex se tensó al instante cuando Dante la sostuvo contra la pared, su agarre firme pero controlado. Sus palabras aún resonaban en su cabeza, un recordatorio peligroso de la intensidad que él despertaba en ella. —¿Y qué pasa si no quiero pertenecerle a nadie? —susurró, intentando recuperar el control de la situación. Dante sonrió, pero no era una sonrisa amable. Era la sonrisa de un hombre que sabía que ya había ganado. —Entonces demuéstramelo. Alex abrió la boca para responder, pero sus pensamientos se desvanecieron cuando él presionó su cuerpo contra el suyo, el calor de su piel traspasando la delgada tela de su ropa. —Dante… —su voz sonaba menos segura de lo que quería. —Dilo, Ángel. —Su boca rozó la de ella, apenas un susurro de contacto—. Dime que no quieres esto. Alex apretó lo

