Me levanté bien, ya no tengo esa preocupación. De anoche, salgo de la habitación un poco preocupada, ya que no había gente. Cuando desperté en la cama, salí a buscarlo bajo y veo a Josefina con Lucía entre las los brazos, dándole la leche sentada en una de las mecedoras de la sala, le pregunté. —Buenos días, Josefina, ¿cómo amaneció? —le dije mientras bajaba las escaleras. —Hola, buenos días, mi niña. Yo estoy bien y ¿tú, cómo estás? —Más o menos gracias, ¿usted no ha visto a Hendrix por estos lados? —Ah, sí, claro, él está en la cocina— me dijo con entusiasmo mientras seguía dando esa leche a Lucía. —Okay gracias seguí bajando las escaleras. —Mamá — gritaba Lucía mientras venía corriendo para donde me , desde que me vio. —¿Y tú, mi amor, cómo estás?—le decía mientras que la cargaba

