CAPÍTULO 30

1723 Palabras

—Estaba seguro de que no vendrías —dijo Diego encontrándose en la entrada al nuevo club campestre inaugurado en la ciudad por Julián, amigo cercano de Diego y también del hombre al que saludaba. —También soy socio de este club —informó el hombre de traje que recién volvía de Londres luego de cuatro años en ese lugar—. ¿Quieres que te muestre la membrecía VIP? —Amigo, tú podrías asegurar ser el dueño de este club, si quisieras, y te creería —aseguró Diego—, pero pensé que no te volvería a ver luego de que te fuiste sin siquiera decir adiós y no diste señales de vida en cuatro años. Que aparezcas de la nada en un evento del que soy coparticipe fue una gran sorpresa. —Bueno —habló Alan—, mis problemas no eran contigo, y parece que el tiempo si lo cura todo, incluso el mal amor. —¿Y San

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