—¿Estás segura de esto? —preguntó Danilo, que estaba a punto de dar el segundo paso más importante de su vida con la mujer que había amado siempre y que al fin lo amaba. —Claro que sí —respondió Amelia—. Si me pusiera a tener hijos, a mi edad, en unos años pareceré su abuelita en lugar de su madre. Además, creo que es mejor darle una familia a quienes no la tienen. Danilo y Amelia lo habían hablado mucho, y habían decidido hacer crecer su familia adoptando a dos niñas de las cuales se enamoraron cuando las conocieron en la casa hogar a la que acudieron por información cuando sintieron la inquietud de adoptar y decidieron conocer el proceso. Ellas eran dos hermanitas que habían ido a dar ahí cuando su madre, y único pariente, una adicta a sustancias nocivas, había muerto de una sobredo

