CAPITULO 9

2412 Palabras
Las puertas de roble retumbaban cada vez que Julia Valtierra daba un golpe, la furia que sentía de saber que aquel hombre le había ocasionado ese nivel de estrés a su padre, de saber que la había engañado, que se había burlado. — ¡Pablo, se que eres tú! abre. El moreno sonrió para sí, sabía que Julia lo descubriría pero no pensó que tan rápido. Se acomodó el saco mientras caminaba con paso seguro a la salida. Julia vio como las puertas se comenzaban a abrir, estaba nerviosa por descubrir que la persona detrás de aquellas puertas, la que era su jefe era la misma que se había hecho pasar por un amigo. Así que cuando Pablo, el hombre de cabello azabache que había conocido era la misma persona que su jefe, se quedó sin palabras. El hombre frente a ella lucía diferente, era el mismo rostro pero su porte era completamente distinto, el traje hecho a su medida, los zapatos pulcros, el cabello engominado perfectamente peinado hacia atrás, claramente este hombre no solo era importante si no que debía tener el suficiente dinero para mantener a una nación pero, a pesar de todo lo que representaba a Julia no le importo, una sonora cachetada se escuchó en todo el piso de cultura. Todos miraban asombrados la mejilla roja del jefe Ornelas después de que la hija del Diputado Valtierra le diera una cachetada. Pablo tomó la mano de Julia antes de que esta lo golpeara de nuevo. — Soy tu jefe, Julia. — Y él es mi padre. — Yo no le hice nada. Julia se zafó del agarre del moreno, para girarse hacia su padre justo en el instante en que los servicios médicos llegaban a atenderlo. El joven empresario observó cómo se llevaban a Salvador Valtierra al hospital, vio a Julia salir detrás de él a toda prisa mientras los demás empleados permanecían inmóviles. — ¡Erick!. El joven asistente asustado se apresuró a llegar con su jefe. — Quedas a cargo, que vuelvan a sus asuntos y cierra la oficina de Julia para que nadie toque sus cosas. Dicho esto el hombre salió por donde se había ido la castaña siguiendo a los de emergencias. El Hospital Angel´sMedic se encontraba en ese momento rodeado de camarógrafos y reporteros esperando alguna noticia acerca del diputado, que había ingresado de emergencia al hospital hace unos quince minutos, lo único que sabían era que el diputado había ido a ver a su hija al departamento de cultura cuando sufrió el infarto. Julia se tomaba el rostro mientras esperaba noticias de su padre, le había llamado a su madre hace apenas unos cinco minutos para decirle lo que había ocurrido, pero Martha se había negado a ir al hospital ya que aún se encontraba solucionando lo del incendio de la boutique. Diego en cambio sí había sonado afectado pero no le prometió ir, así que se encontraba sola por lo menos hasta que sintió la presencia de alguien frente a ella, levantó la vista topándose con la mirada penetrante de Pablo. — ¿Qué haces aquí?. — He venido a ver cómo está tu padre. — Eres tan despreciable, tú le ocasionaste el infarto, lo que le hayas dicho detrás de aquellas puertas hizo que se sintiera mal. Pablo suspiro tomando asiento a un lado de la castaña. — Julia tu padre ha ido a decirme que ahora que soy tu jefe le oculte su secreto. — ¿Secreto? — soltó con amargura la castaña — Solo estás intentando salvar tu trasero. — No necesito que me creas a mi si no quieres, pero Diego sabe de lo que hablo. — ¿Qué tiene que ver Diego?. — Él vio lo mismo que yo la noche que ustedes partieron al extranjero. Julia se secó las lágrimas mirándolo confundida, ella sabía que Diego ocultaba algo por eso estaba extraño con su padre pero de que pudo haberse enterado para que también Pablo estuviera enterado. — ¿Que se supone que es?. — Eso no me corresponde a mi decirlo, si no a tu padre y te aseguro que esa mentira que carga es lo que le ha provocado el infarto combinado claro con el hecho de las enormes exigencias que le piden de mantener a su familia unida para poder quedarse con el puesto de diputado. — ¿Cómo sabes…?. — Solo lo sé — dijo alzándose de hombros — También se que estas molesta, no solo por lo que ocurrió con tu padre sino también porque no te dije quien era en realidad. — Me mentiste. — No, solo no te dije mi apellido porque quería ser tu amigo y te aseguro que si te hubiera dicho que era tu jefe me hubieras tratado diferente. La castaña aun lo miraba molesta pero no podía evitar pensar en que Pablo tenía razón de saber que era su jefe se hubiera comportado de manera diferente desde un inicio. Pero aun así le había ocultado cosas y por alguna razón eso la hacía molestarse, además estaba lo de su padre tendría que hablar con Diego. — Quiero seguir apoyando a lo de las comunidades… — ¿Por qué?, estaba más que claro que no estabas cómodo. — Pues claramente no, nunca había ido a ese tipo de lugares así que no sabía cómo comportarme, pero sé que puedo ayudar bastante. — Te he dicho que no necesitamos dinero. — Pues yo creo que sí, porque si no con qué crees que se está pagando a los trabajadores que están levantando las casas para esas personas. Julia se levantó al ver a uno de los médicos acercándose. — Te puedes llevar a tus trabajadores. Pablo sonrió con suficiencia mientras se levantaba acercándose hasta el oído de la castaña la cual sufrió un escalofrío al sentir la presencia del hombre tan cerca. — Para cuando tu y Joaquin terminen de levantar esas cajas Yuma ya tendrá hijos. La castaña se tensó en su lugar y por un momento creyó que no había forma de poner un alto a aquel hombre. — Julia — habló el médico cuando llegó hasta los dos jóvenes — Tu padre ya se encuentra estable, me ha mandado a buscarte, pero antes déjame advertirte que tendrás que evitar alguna noticia que le cause un gran impacto. — Entiendo Doctor Silvestre. El hombre asintió, el doctor Silvestre había sido el médico de cabecera de la familia así que cuando Julia le hablo hace un rato diciéndole que iba en una ambulancia acompañando a su padre hacia el hospital, no dudo en aparecerse; Silvestre era un hombre mayor, delgado con un bigote prominente las canas habían cubierto casi toda su cabeza, conocía a los Valtierra desde que él y Salvador habían asistido a la secundaria juntos, por lo que los hijos de su amigo eran como sus sobrinos. Así que cuando vio a Julia con aquel hombre le preocupó, ya que Salvador en cuanto despertó le había dicho que si veía a alguien con su hija que no fuera su esposa, hermano o Joaquin Dimas, diera aviso a la policía. Pablo hizo el ademán de seguir a Julia pero la voz del médico lo detuvo. — Solo ella, Salvador se encuentra débil. El pelinegro levantó una ceja con intriga, le parecía que el médico era demasiado familiar con Julia por lo que dedujo que la conocía, después de unos minutos en los que los dos hombres se dedicaron a lanzar miradas — Comprendo la desconfianza doctor, déjeme presentarme soy Pablo Ornelas el jefe de Salvador Valtierra y su hija, la he acompañado porque me ha preocupado. El doctor Silvestre miró perplejo a aquel hombre, parecía educado y cuando mencionó que era el jefe de Salvador lo hizo dudar de lo que su amigo le había dicho, quizá se había confundido de persona y si resultaba ser cierto había cometido un error. — Por favor señor Ornelas acompañeme. Pablo sonrió negando con la cabeza. — Necesito ver a Valtierra. — Por ahora me temo que es imposible. Los sonoros pasos de gente acercándose hizo que los dos hombres giraran, el joven empresario frunció el ceño al ver a dos oficiales de policía acercándose. — ¿Ha llamado a la policía doctor? — habló el pelinegro haciéndose el sorprendido. Silvestre nunca había sentido temor por alguna persona, pero en estos momentos la mirada fría de aquel hombre lo había dejado sin palabras, trago grueso y sentía su corazón rebotar fuertemente con cada paso que los agentes daban. — ¿Valtierra se lo ha pedido?, ¿Le ha dicho que soy peligroso?. — No ha dicho que sea usted. — Pero si menciono a un hombre, y usted dedujo que era yo, sabe que es un delito acusar a alguien sin pruebas. Dicho esto último Pablo se giró hacia los oficiales. — Buen día agentes soy Pablo Ornelas, seguro conocerán a mi tío el sargento Lazaro Santillán diganme, ¿en que les puedo ayudar?. Los agentes se miraron unos a otros, conocían bien al sargento Santillán al igual que el apellido Ornelas si querían seguir teniendo los privilegios de los que gozaban debían mantenerse al margen de ciertas situaciones y más si incluyen alguno de esos apellidos. — Hemos recibido el reporte de que el senador Valtierra podría correr un grave peligro. — Pues a menos que el doctor Silvestre le suministre algún medicamento que afecte el débil corazón del senador, no veo a nadie peligroso aquí, ¿no es así doctor?. Silvestre miro a los agentes para después mirar con suplica al joven pelinegro, que mantenía un semblante relajado con sus manos en los bolsillos. — Debió ser un malentendido. Pablo sonrió con suficiencia pero una voz le borró la sonrisa de inmediato. — ¿Pablo?. Por otro lado, dentro de la habitación donde Salvador Valtierra se encontraba recuperándose, Julia miraba a su padre que no se había tranquilizado por completo, parecía asustado o preocupado por algo y miraba constantemente a la puerta, además sus latidos se habían acelerado cuando la castaña le había mencionado que su Jefe se encontraba afuera esperando saber sobre su salud, por un segundo pensó que tendría otro ataque. — Por favor papá sabes que el tío Silvestre no te dejará ir a menos que esté completamente seguro que estás bien. — Ya te he dicho que lo estoy Julia, necesitamos irnos cuanto antes llama a Silvestre que me dé el alta. — No llamaré a nadie papá, además tenemos que hablar sobre algo. Salvador despegó su vista de la puerta para mirar con el ceño fruncido a su hija, la cual se había cruzado de brazos. — ¿Qué te ha dicho? — soltó con más brusquedad de la que quisiera. — Ha dicho que tienes un secreto que no quieres que nadie sepa, que él lo conoce y que le has pedido que no me dijera nada. “Ese mal nacido”, pensó Salvador tratando de mantener la cara de poker. — Hija, soy tu padre no le creerás más a ese hombre que a mi ¿cierto?. — No padre, claro que no — Julia vio como su padre se relajaba, no pretende alterarlo, no quería ser la responsable de que algo le ocurriera así que con voz calmada dijo — Pero, me ha dicho que Diego lo sabe también. Antes de que Salvador pudiera decir algo más, la puerta de la habitación se abrió dando paso a un preocupado Joaquin, que miro al hombre postrado en la cama para después girarse hacia la castaña que lo miraba confundida. — Me he enterado por las noticias, te he marcado todo el tiempo. — Lo siento, me he olvidado el móvil en el trabajo. Joaquin tenso la mandíbula pero no dijo nada más, se acercó hasta donde el hombre mayor lo miraba expectante. — Señor Valtierra, me alegra que se encuentre en mejor estado. — Gracias Joaquin, pero estaría mejor si me sacaran de este lugar. Pero una tercera voz respondió sin que nadie la esperaba. — Tu amigo Silvestre viene en unos momentos, está firmando una falsa declaración por haber llamado al 911 sin motivo o más bien motivo falso. Las máquinas que seguían conectadas al hombre mayor pitaron al notar la alteración en su ritmo cardiaco, Pablo sonrió dando un paso más hacia el centro de la habitación. — Calma Salvador, tu amigo no tiene ningún problema con la justicia por eso, él estará bien al igual que tu, ¿no es así?. Salvador Valtierra tenía muchos pensamientos en su cabeza en ese momento pero sabía que debía calmarse si no quería que su hija sospechara que Pablo no era solamente su jefe, cerró los ojos un momento para después asentir. — Así es señor Ornelas, estoy bien solo me he preocupado un poco por Silvestre, debió ver algo que lo asustó para llamar a la policía. — Quizá al diablo. Las máquinas nuevamente pitaron, Pablo sonrió palmeando el hombro del hombre. — ¡Es broma!, el diablo no existe. Julia miraba preocupada la interacción de los dos hombres, su padre parecía conocer muy bien a Pablo pero de donde pudiera conocer su padre a alguien como él, si supuestamente se hizo jefe del departamento de cultura después de que su padre fuera removido a diputado. La puerta se abrió dando paso al doctor Silvestre que miraba intercaladamente a todos los presentes. — Deben dejar descansar a Salvador, son muchos en la habitación. — Pero mi padre… — Julia, él estará bien — la interrumpió el doctor — Lo daré de alta hasta mañana no tiene caso que estés aquí, Joaquin podrá llevarte a tu casa me imagino. — No me importa esperar. — Hija por favor, ve a descansar aquí estoy bien cuidado. La castaña suspiró, su padre parecía estar ansioso por quedarse solo así que no tiene caso insistir, se despidió con un beso en la frente antes de tomar la mano que le ofrecía Joaquin. Por otro lado Pablo esperó un segundo, antes de sonreír a los dos hombres mayores que lo miraban con nerviosismo. — Bueno, me retiro también pero...no se olviden, que otra estupidez como la de los agentes y les aseguro que ahora si el diablo estará suelto. Los dos hombres observaron la puerta vacía por la que Pablo Ornelas había salido hace apenas unos segundos, dejando detrás de él un rastro de temor.
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