CAPÍTULO 8

2573 Palabras
La casa de los Valtierra estaba de fiesta el sábado a mediodía los jardines estaban llenos de gente, Salvador Valtierra se había encargado de invitar a lo que él llamaba una pequeña reunión para festejar el hecho de que haya ganado el puesto de Diputado federal además el regreso de su familia y el nuevo puesto de su hija. Pero para Julia Valtierra que veía todo desde su habitación su padre había exagerado, claramente no era una pequeña reunión había cientos de personas que ella desconocía y otras tantas que quizá las había visto en una ocasión. — ¿Ahora mi padre se cree importante?. Julia miró hacia la puerta de su habitación donde su hermano se encontraba recargado, toda la semana se la había pasado encerrado en su habitación, renuente a convivir en familia ni siquiera su madre lo había logrado convencer de que saliera. — Diego nuestro padre ha subido a una posición importante en el gobierno, imagino que está demasiado feliz, aunque también creo que exagera. — ¿Recuerdas lo que sucedió la última vez que exagero Julia?. La castaña suspiro sabiendo a qué se refería su hermano, su padre había hecho algo parecido, una especie de despedida cuando los mandó al extrangero desde ese momento la relación de Diego y su padre había dado un cambio drástico, Julia estaba segura que algo había ocurrido entre los dos, pero Diego parecía una tumba por lo que ella no insistió más. Pero cuando su madre les aviso que tendrían que volver, la rabia de Diego había salido por todas partes y la mayoría del enojo se lo había llevado Julia y su madre, soportando berrinches y rabietas durante un mes antes de llegar de nuevo a la ciudad con su padre. — ¿Me contarás alguna vez porque te has enojado con nuestro padre?. Diego miró a su hermana, sabía que ella era diferente a él en muchos aspectos pero eso no hacía que dejara de quererla, por lo que contarle lo que había visto aquel día solo derrumbaría la imagen que tenía de su padre y solo sufriría por ello. — Es mejor que no cargues con esta cruz. — Está bien Diego, pero sabes que puedes hablarme cuando quieras. — Lo sé. Dicho esto el muchacho se retiró hacia su habitación para terminar de arreglarse le había dicho a su madre que no bajaría al circo que estaba armando su padre pero esta última le había obligado a vestirse diciendo que la prensa estaba presente y todos tenían que estar unidos como la familia amorosa que eran. Salvador Valtierra miraba constantemente hacia la puerta de su casa, sus hijos aún no aparecían, mientras que Martha disfrutaba la atención que los presentes le daban, el se había puesto nervioso de que sus hijos principalmente Diego, hicieran alguna locura. Le habían dicho que obtendría su puesto de diputado solamente si mantenía a su familia unida en el mismo lugar, la base principal de ese partido era la familia por lo que un error haría que fuera desechado. Los miembros de su partido político estaban enterados del pequeño desliz con su amante, pero Salvador había sufrido un verdadero terror desde que Pablo Ornelas se había enterado por lo que no se iba a arriesgar a que tuviera algo comprometedor de él con el que pudiera chantajearlo. — ¿Donde demonios estan tus hijos?. Soltó tomando el brazo de su esposa y hablándole al oído. Esta lo miró de mal modo, logrando zafarse, recompuso su postura para sonreír falsamente. — Ellos vendrán, así que tranquilízate Salvador que llamas la atención de la gente. El hombre canoso miró disimuladamente a su alrededor, sentía a la gente murmurar pero no estaba seguro de que hablaran de él. Secándose la frente vio a Julia salir de su casa lo que alivió un poco el estrés que comenzaba a sentir. — Hola papá. — Mi niña que hermosa estás. La castaña sonrió agradeciendo con la cabeza. — ¿Le has dicho a Joaquin que viniera?. — Sí padre. — ¿Y a su familia?. — También. — Eres una buena hija Julia. — Padre…¿Has invitado a mi Jefe?. Salvador miró a su hija confundido, que tenía que ver Pablo Ornelas o más bien la pregunta era qué había hecho para que su hija preguntara si lo había invitado. — ¿Ha sucedido algo de lo que tenga que enterarme Julia?. — No, nada...es solo que aun no lo he conocido. — ¿No sabes quien es?. — Bueno se que es el señor Ornelas pero no lo he visto, el día que iba a presentarse tuvo un inconveniente y toda la semana ha permanecido en su oficina a puerta cerrada. Al hombre mayor eso le causó extrañeza, dudaba del porque Pablo Ornelas se comportaba de aquella forma, cuando era de los hombres que les gustaba ser admirados a pesar de que ante la prensa no mostraba su rostro, disfrutaba como hacía sentir a las personas que había conocido. — Es extraño, no suele ser así. — Es solo padre que todos los temas los he tratado directamente con su asistente, he pensado que quizá sea un hombre mayor. — Pablo Ornelas no es un hombre mayor, es bastante joven, quizá no tanto como tu pero si es un hombre joven. — ¿Pablo? — soltó Julia con sorpresa — ¿Has dicho que se llama Pablo?. — ¿No sabes nada de tu propio jefe Julia?. Julia miró a su padre aún sorprendida, pensando en aquel hombre que había conocido en el parque, para después pensar en el desconocido jefe que se ocultaba tras las puertas de roble, ¿no podía ser el mismo o si?, se preguntó la castaña. — De todos modos no lo he invitado — continuó hablando su padre — Es un hombre ocupado, dudo que tuviera la oportunidad de venir. — Si, es lo más seguro. Diego apareció en ese momento ante la mirada gustosa de Salvador Valtierra, el resto de la noche se encargó de que la prensa los retratara como la familia amorosa y amable que él pretendía que fueran ser, cuidando uno del otro. Mientras Salvador disfrutaba aquella noche con su familia, entre música, licor y comida, Pablo Ornelas miraba atentamente las imágenes que su infiltrado le mandaba. — Así que...el inutil de Salvador tiene dinero suficiente para despilfarrar en una fiesta, supongo que un pequeño recordatorio de su deuda no le importara. El joven pelinegro sonrió, dirigiendo su mirada hacia el hombre que tenía frente a él. Se podría decir que era su más fiel “cobrador”, Dario Mendez había sido un ex militar dado de baja por sus lesiones, además era el encargado de la seguridad del empresario. — Dario, ya sabes que hacer. — Sí , Jefe. El hombre de n***o salio de la habitación para cumplir su cometido. Mientras el joven empresario ampliaba la imagen de una castaña sonriente al lado de su familia, se veia bastante atractiva con ese vestido n***o, su piel resaltaba y sus piernas largas hacian que Pablo quisiera tenerla con él en ese instante. — ¿Qué es lo que tienes Julia?. El pelinegro suspiro apagando el aparato. Pablo esperó un rato en la oscuridad, hasta que su teléfono vibró, contesto de inmediato sabiendo quien estaba al otro lado de la línea. — Jefe, está hecho. — ¿El mensaje es claro?. — Más que claro Jefe. — Estupendo Dario, rápido y conciso como siempre. — Gracias Jefe. Pablo cortó la llamada, esperó el tiempo suficiente para encender el televisor, estaba seguro que la prensa rápidamente actuaría y no se equivocó, la imagen de un edificio en llamas aparecía ante su vista, los periodistas rodeaban aquel lugar. Poco a poco la deuda se pagaría de alguna manera u otra, Salvador y su familia tendrían que pagarle al diablo. La noticia de que una de las boutiques de Martha Valtierra se había incendiado la noche anterior mientras la familia celebraba en su casa, había corrido como pólvora. Salvador se había pasado la noche tratando de que su mujer no cayera en la locura por las pérdidas millonarias que había sufrido, el hombre sabía quién había ocasionado esto y estaba dispuesto a remediarlo por lo que caminaba apresuradamente en los pasillos del edificio del departamento de cultura, sabia que Ornelas estaria ahi. — ¿Señor Valtierra qué hace aquí?. Alejandro Alemán miraba inquisitivamente a su antiguo jefe, con su puesto de diputado aquel hombre no tenía porque pisar de nuevo aquel lugar aunque seguramente había venido a ver cómo trabajaba su hija. — Oh, Alejandro que gusto verte ¿el Jefe Ornelas está en su lugar?. — Creí que venía por Julia. — Si, si claro — contestó nerviosamente el hombre, conocía perfectamente a su asistente y sabía lo quisquilloso que podía ser — Pero primero vengo a ver al Jefe por otro asunto. — Si, está en su lugar. Salvador asintió y sin despedirse caminó apresuradamente entrando por las puertas de roble sin aviso alguno. Pablo levantó la vista molesto, pero su rostro cambió a burla al ver entrar al hombre mayor. — Valtierra, ¿A que debo el honor?. — Lo sabes bien, te has metido con los bienes de mi familia. — ¿Lo dices por la boutique?, no Valtierra eso fue solo un recordatorio de lo que puedes perder tu y tu familia si no cumples tu parte del trato. — Te he dicho que te pagaría. — Pues tic toc Valtierra — dijo Pablo levantándose y asustando aún más al hombre frente a él — El tiempo corre y tu solo gastas dinero. — Fue solo apariencia, tengo que aparentar estar feliz con mi familia para mantener mi puesto, ha pasado una semana desde que me lo has recordado no necesitaba esta pérdida, mi esposa ha sufrido no yo. — Ese no es mi problema, si no quieres otro tipo de recordatorio entonces pon manos a la obra. Salvador estaba que echaba humo, nadie lo había amenazado de aquella manera pero aquel individuo parecía ser capaz de cualquier cosa para lograr su cometido, se limpió nuevamente el sudor de la frente para caminar a la salida, solo que un pensamiento lo detuvo. — ¿Por qué no te has presentado ante mi hija?. — ¿Qué? — dijo Pablo confundido, ¿que tenía que ver Julia con el tema que estaban tratando?. — Ayer Julia me dijo que no te conoce, ni siquiera conocía tu verdadero nombre. — ¡¿Le has dicho mi nombre?!. El hombre canoso se asustó por el repentino grito del joven frente a él, no sabía porque se había puesto de aquella manera. — ¿Por qué es tan malo que sepa tu nombre?. — ¡¿Se lo dijiste o no?!. Para ese momento Pablo se había acercado amenazadoramente a Salvador que lucía más como un cervatillo asustado que como el hombre mayor que era. — S..si...si, se lo he dicho...pe...pero no...no veo lo...malo — Valtierra sentía las manos de Pablo sosteniendo las solapas de su camisa, podía sentir como se estaba conteniendo por golpearlo, pero se armó de valor para soltar la duda le que le había surgido — ¿Que es lo que sucede con mi hija?. Pablo se dio cuenta de lo que estaba haciendo por lo que soltó de repente a Salvador, el cual pasó saliva al ver el cambio de actitud drástica de aquel hombre. — ¿Porque crees que sucede algo con ella?. — Ella es una buena chica Ornelas, no es como las que seguramente tu frecuentas así que créeme cuando te digo, si te atreves a hacerle algo… — ¿Tú me harás algo? — dijo con ironía mientras colocaba las manos en sus bolsillos. — Por mi hija soy capaz de muchas cosas Ornelas. El pelinegro alzó una ceja intrigado, ni siquiera por su dinero había visto que Valtierra se pusiera en aquella posición, por lo que sonrió aún más al darse cuenta de quién era la debilidad del hombre. — Sé que tu hija es estupenda, es competente e inteligente además — continuó mientras tomaba asiento en el sofá — Es sumamente atractiva, pero siéntate Valtierra hablemos un poco más, prometo comportarme. — No tengo nada más que hablar, mi hija no es tema de conversación Valtierra. — Dime que dijo cuando le dijiste como me llamaba — dijo Pablo ignorando el comentario del hombre canoso. — Ya te he dicho que no… — No te lo repetiré una vez más Valtierra, dime cómo ha reaccionado Julia cuando le dijiste quien era. Salvador tomó aire, algo no le causaba buena espina de aquella situación, ¿porque el interés del Jefe Ornelas en que su hija no supiera quién era?. — Ella no ha dicho nada, se ha quedado en silencio. — ¿Estás seguro?. — Si, después de decirle tu nombre completo Diego llegó hasta nosotros así que no tuvimos oportunidad de seguir con el tema. — Es importante que sepas que si me has mentido, habrá consecuencias. — Te he dicho lo que ocurrió — hablo exasperado. Pablo sonrió. — Bien, ahora te daré una...recomendación, bajo ninguna circunstancia quiero que tu hija sepa quien soy en realidad, ni cómo luzco, si ella se aleja de mi tu pagaras las consecuencias. — ¿Alejarse de ti?. El moreno hizo una mueca. — Ah que renuncie quise decir. — Ella tiene novio, una vida hecha, es buena persona — soltó de repente Salvador en lo que parecía un intento de hacerle ver al hombre frente a el que se alejara de su hija, aun no sabia las intenciones del jefe hacia con su hija pero no estaba dispuesto a dejar que lo averiguara. — Largo Valtierra. — Por favor Ornelas...déjala tranquila. Pablo miró al hombre que suplicaba lastimosamente, chasqueo la lengua mientras avanzaba a las puertas de roble. — Largo. Todos en el departamento vieron salir de la oficina del Jefe Ornelas a Salvador Valtierra como un hombre derrotado, parecía que había recibido una terrible noticia. Y a los oídos de Julia también llegó el hecho de que su padre estaba ahí y no lucía nada bien, por lo que la castaña salió apresurada para dar con su padre que se había detenido un momento en el pasillo mientras se tomaba el pecho. — ¿Papá?. Salvador Valtierra vio a su hija que lo miraba preocupada antes de que se desplomara en el suelo ante el asombro de todos. — ¡Papá!. Julia corrió hasta llegar a donde su padre se encontraba tirado, desató el nudo de la corbata de manera desesperada mientras escuchaba como alguien llamaba a emergencias, la castaña sintió el leve pulso de su padre. — ¡Papá tienes que despertar!, por favor papá — las lágrimas de la castaña caen de manera desesperada, mientras el senador Valtierra permanecía inconsciente en el suelo. Detrás de las puertas de roble Pablo Ornelas escuchaba el ajetreo del pasillo, permanecía inmovil en su asiento, la situación se había salido de control un poco pero pensándolo de otra forma le beneficiaría, estaba por mandar un mensaje cuando el sonido de un golpe lo sobresaltó, alguien aporreaba las puertas de roble, Pablo frunció el ceño preguntándose quien era cuando la voz de la castaña resonó. — ¡Sé que estás dentro!, ¡Más vale que salgas Pablo!.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR