Capítulo 5

690 Palabras
BIANCA Él me miraba con una mezcla de preocupación y intensidad, y eso solo aumentaba la confusión y la calidez en mi pecho. —Ya estoy bien, no te preocupes —le dije, intentando tranquilizarle. —Puedo ayudarte a que el miedo se te vaya y así puedas disfrutar del hermoso río —respondió, su tono suave y persuasivo. —No creo. Lo han intentado y no ha funcionado —dije, sintiendo que mis miedos eran, en ese momento, una muralla impenetrable. —Solo confía en mí, vamos —insistió, estirando la mano hacia mí. Sentí un escalofrío y, al mismo tiempo, una extraña confianza al mirarlo a los ojos. Tomó mi mano y me ayudó a levantarme. El corazón me latía de forma errática mientras empezaba a dar otro paso hacia el agua, la sensación de frío en mis pies me recordaba que estaba en el límite de lo desconocido. Entonces, de repente, me puso frente a él, cargándome como si no pesara nada. Sus ojos verdes fijados en los míos. —Calma tu respiración, no pasa nada. Solo imagina que estás en una piscina y que puedes ver el fondo —dijo, su voz reconfortante como un canto que me instaba a relajarme. Entonces, sin previo aviso, me sumergió bajo el agua. En ese instante, el pánico inicial se desvaneció. Mi corazón comenzó a calmarse, y con ello, todo el miedo a la profundidad desapareció de mi cuerpo y mente. Era como si me hubiera olvidado de que alguna vez había temido al agua. LUCIFER Claro que le borré de la mente el miedo a la profundidad; no podía negar que me asustó un poco cuando la vi inconsciente. Si hubiera muerto, jamás habría podido disfrutar de su pureza, y nunca más en la vida la volvería a ver. Empezamos a jugar, nadando alrededor, riendo como si no hubiera nada más importante en el mundo. Su alegría era contagiosa, y me sentía inmortal, quedando atrapado en esta burbuja de momento. De repente, escuché pasos en la orilla. Una voz familiar me sacó de mi ensueño. —¡Bianca! —gritó el joven, su tono lleno de preocupación. Nuestras cabezas se giraron para ver a un chico parado en la orilla del río, su expresión ansiosa reflejaba la inquietud de un amigo. —¿Qué haces aquí? Sabes que le tiene miedo a la profundidad —dijo, su voz entremezclada con reprimendas y protección. —Al parecer, ya no —respondí con una sonrisa desafiante. —¿Y quién es ese hombre? —preguntó David, un destello de desconfianza en su mirada. —Soy Luc... Lucas —respondí, tratando de mantener la calma. —Vamos, Bianca. No le gustará a tus padres que estés nadando con un desconocido —dijo, su tono firme y autoritario, como si estuviera dispuesto a arrastrarla fuera del agua. Una chispa de rabia amenazó con eclipsar mi paciencia. Quería ir y romperle el cuello como si fuera un muñeco, pero en lugar de eso, me giré hacia Bianca. —Ve, no quiero meterte en problemas —dije, sintiendo que la situación se tornaba más intensa de lo que había anticipado. —Muchas gracias —respondió, y antes de que pudiera reaccionar, me abrazó y depositó un beso suave en mi mejilla. —Perdón, solo quería agradecerte —dijo, sonrojándose y apartando la mirada. —Por favor, agradéceme cuando quieras —respondí, sintiendo el fuego de su calidez aún en mi piel. —¡Bianca, muévete! —volvió a gritar David, ahora más insistente. —Nos vemos, Lucas. Espero verte de nuevo —dijo Bianca mientras salía del río, la mirada llena de promesas y un destello de incertidumbre. —Claro que nos veremos. Esto apenas comienza —pensé mientras observaba su silueta desaparecer entre las sombras del crepúsculo. Tenía que empezar a quitar algunas personas del medio, incluyendo a ese tal David. La noche apenas comenzaba y Bianca ni siquiera sabía lo que estaba en juego. Nunca había disfrutado tanto de un juego como lo hacía ahora, y estaba decidido a hacer que ella se convirtiera en la pieza central de mi mundo distorsionado.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR