BIANCA
Con ropa, entré al río junto a este chico cuya identidad seguía siendo un misterio, pero me encontraba incapaz de negarle nada. Era como si, al mirarlo a los ojos, mis palabras se desvanecieran, y los límites que había puesto para protegerme se esfumaran.
—¿Te piensas bañar con esa falda larga? No creo que sea buena idea —dijo, una chispa de diversión brillando en su mirada.
—Tampoco es buena idea que me bañe en ropa interior, no es apropiado —respondí, intentando mantener una pizca de dignidad.
Se alejó de mí, y no tenía idea de a dónde iba, pero casi instantáneamente regresó con una camisa en la mano. Mis nervios aumentaron.
—Puedes ponerte la mía si quieres. Así estarás más cómoda —ofreció, su voz suave como un susurro.
Iba a rechazarlo, pero cuando sus ojos se encontraron con los míos, toda la negación y la razón que traté de mantener se desvanecieron. Había algo en su mirada que me atrapaba, como una fuerza magnética.
—Muchas gracias —dije, tomando la camisa con manos temblorosas.
LUCIFER
La observé mientras se alejaba hacia un lado del río, sintiendo un fuego de anticipación y deseo dentro de mí. Cuando se dio la vuelta y comenzó a bajarse la falda, revelando su ropa interior negra, no pude evitar que mis ojos se abrieran con sorpresa. El trasero de Bianca era hermoso; la curva de su cintura, perfecta, casi como un reloj de arena. La pureza de su cuerpo contrastaba con mis pensamientos oscuros y mis intenciones.
Mientras se despojaba de su blusa, mostrando su sujetador n***o, un impulso primitivo se despertó en mí. Quería verle más; su belleza era unas llamas que amenazaban con consumir mi compostura. Cuando se puso mi camisa, tensé los dientes y giré mi cabeza para que no supiera que la estaba mirando, aunque el anhelo seguía desgastando mi autocontrol.
—¡Vamos a bañarnos! —dijo con entusiasmo, dándome la pequeña satisfacción de saber que estaba lista para disfrutar del momento.
Entramos al agua, y como imaginé, estaba deliciosa y refrescante. Comencé a nadar, riendo entre burbujas de libertad, pero después de un rato, detuve mis movimientos y busqué a Bianca.
—¡Bianca! —la llamé, pero no respondía.
Maldición. No sabe nadar. Una ola de pánico me atravesó mientras comenzaba a buscarla bajo la superficie. La desesperación se apoderó de mí hasta que, finalmente, la vi hundirse en el agua.
Cuando la tomé entre mis brazos, inconsciente, el mundo se detuvo. Salí del agua en un segundo y la deposité suavemente en la orilla, el corazón acelerado y el pulso zumbando en mis oídos.
—¡Bianca, maldición! ¡Despierta! —dije, tocando su cara con delicadeza. La preocupación me envolvió.
Me encontraba furioso y al mismo tiempo aterrorizado de que algo así hubiera ocurrido. ¿Cómo era posible que no supiera nadar teniendo un río tan cerca de su casa?
Cubrí su nariz y comencé a darle respiración boca a boca, presionando suavemente su pecho. Pasaron unos segundos interminables hasta que finalmente reaccionó, tosiendo agua y buscando aire desesperadamente.
—Eso es, ya está, todo estará bien —le dije con voz firme, sintiendo como el miedo se disipaba al ver que estaba empezando a volver en sí.
Ella me miró, confundida.
—Lo siento —susurró, pareciendo aún aturdida.
—¿Por qué no dijiste que no sabes nadar? —le pregunté, la frustración y la inquietud aún remarcando mis palabras.
—Sí sé, pero le tengo miedo a la profundidad. No importa si es el mar o un río, solo nado en cosas donde pueda ver el fondo —respondió, la voz temblorosa pero honesta.
—Tenías que decirme eso —dije, sintiendo la necesidad de protegerla, de ser su salvador. Esa vulnerabilidad en ella despertó algo en mí.
—Quería hacerlo, pero no pude. Tus ojos me hipnotizaron —confesó, mirándome directamente, y en ese instante, se formó un puente entre nosotros, una conexión que iba más allá de lo físico.
Mis intenciones oscuras comenzaron a desvanecerse. Quizás, al menos por un momento, podría dejar de lado mis planes de corrupción y disfrutar de esta fragilidad, de la pureza que emanaba de ella, aunque, en el fondo, sabía que una vez que cruzara esa línea, nada volvería a ser igual.