Capítulo 3

596 Palabras
LUCIFER No tenía idea de cuántas horas habían pasado en el mundo de los humanos, ya que allí los minutos eran horas. La eternidad se sentía larga cuando solo observaba, pero siempre había algo que mantenerme entretenido. El mismo demonio apareció frente a mí en mi trono, con un semblante ansioso. —Rey, la humana llegó a su casa, pero ahora está en el río que está por el bosque, sola y orando —informó, inclinándose ligeramente, como si su reporteo pudiera mitigar mi desdén. —Bien, yo me encargo de ella. Ve a divertirte con los humanos que están aquí —dije, sintiendo cómo la emoción comenzaba a burbujear en mi interior. Me dirigí al lugar donde Bianca se encontraba, considerando si debía aparecer en forma humana o disfrazarme de su mejor amigo. Necesitaba que se entregara a mí, y para eso, debía ser yo mismo. Pero no sería el mismo Lucifer que todos temen; sería el hechizo que despertaría su lado más oscuro. BIANCA —Gracias, Señor, por todo. Perdóname si he cometido algún pecado. Tú siempre perdonas —susurré en voz baja, inmersa en mi oración, como si el río reflejara la pureza de mis palabras. Iba a seguir orando, buscando refugio en la tranquilidad del agua y la suavidad de la brisa, cuando de repente escuché unos pasos. Abrí los ojos, y lo que vi cambió todo mi entorno. Era el hombre más hermoso que había visto en mi vida. Sus ojos verdes parecían brillar con una luz propia mientras se encontraban con los míos, atrapándome en un hechizo que no comprendía del todo. Su cuerpo musculoso estaba semi-deshabilitado, apenas cubierto por un pantalón, y un tatuaje cubría su brazo como un misterio que anhelaba descubrir. —Perdón si te interrumpo. Continúa, solo vine a refrescarme un poco —dijo, su voz suave como la brisa del río. De repente, no entendí por qué mi mente comenzaba a imaginar su cuerpo. Nerviosa, cerré los ojos y recé nuevamente, pidiendo perdón por las direcciones que tomaban mis pensamientos. ¿Ya estaba pecando? Entonces sentí una cercanía inquietante, una respiración casi palpable cerca de mi cara. Al abrir los ojos, me topé de nuevo con esos mismos ojos verdes, casi gritando de cercanía. —¿Qué haces? —logré preguntar, confundida y avergonzada. —Solo vine a decirte que si quieres nadar conmigo —propuso con una sonrisa ladeada, que destilaba una audacia que me atraía. Su tono era cautivador, un canto de sirena llamándome a acercarme. El aire entre nosotros se volvió espeso y eléctrico, y mi corazón comenzó a latir con fuerza. Esa mezcla de curiosidad y advertencia me mantenía alerta, pero había algo en él que quería hacerme olvidar todas mis precauciones. —No sé... —respondí, sintiendo la lucha entre el deseo y el recelo, los ecos de mis oraciones aún resonando en mi mente. —Vamos, es solo un poco de diversión. El agua está deliciosa —insistió, sus ojos brillando aún más, como si pudiera ver directamente a través de mí. La tentación se apoderó de mí, despertando un lado que no sabía que existía. Quizás, solo por un momento, podría dejar mis preocupaciones y entregarme a la experiencia. —Está bien... solo un momento —cedí, sintiendo una mezcla de libertad y miedo al dar ese paso acercándome al borde del río. En ese instante, su risa resonó en el aire, y su presencia se volvió aún más irresistible. Preparándome para seguirlo y dejar atrás mis temores, me pregunté si realmente sabía lo que estaba por hacer.
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