LUCIFER Estaba reclinado en mi trono, disfrutando de la calma momentánea del infierno, cuando una figura pequeña y encorvada apareció entre las sombras. Era uno de mis demonios mensajeros, temblando como siempre lo hacían en mi presencia. Aún así, logró reunir el coraje suficiente para hablar. —Mi señor, una nueva alma ha llegado. Sonreí para mis adentros. Claro que lo sabía. No hay nada que suceda en este reino que escape a mi atención. Cada nueva alma que cruza los umbrales del infierno es como una página más en el libro de mi dominio eterno. Sin embargo, me entretenía fingir cierto interés en los informes de mis subordinados. —¿Y qué tiene de especial esta alma? —pregunté con voz calma, aunque mi paciencia siempre pendía de un hilo. —Tiene... una historia trágica, mi señor. —El dem

