Después de cenar junto a su amigo y casi en silencio, ambos chicos dejaron todo ordenado, lavaron sus dientes y se dispusieron a dormir. Christopher estaba algo triste por tener que sentirse de esa manera, sabía que Darien tenía un compromiso con una bella y fuerte Alfa, algo que él estaba lejos de ser. Aquella noche durmió pésimo, logró conciliar el sueño cerca de las cuatro de la madrugada. Cuando la alarma sonó no la escuchó.
—¡Chris!— le gritó Artemis para que el chico despertara, pero no tuvo respuesta—. ¿Es enserio?.
El pelirrojo se levantó y fue hasta la cama de su amigo.
—¿Chris?— lo movió.
—Mm.
—Oye, es hora de ir a clases— le dijo Artemis tirando las ropas de cama hacia atrás.
—Mhp.
—¡¡Christopher!!— le gritó el Beta a todo pulmón, el chico quedó sentado con taquicardia y la mirada desorientada.
—¿Q-qué?.
—Cielos— le dijo Artemis—. No despertabas, ¿qué ocurre contigo?.
—Me dormí tarde— se quejó Chris—. Me daré una ducha primero para despertar.
—De acuerdo— le dijo su amigo—. Haré el desayuno por mientras.
El castaño se dirigió al baño y a pesar de ser temprano y hacer frío se dio una ducha de agua helada que casi le paraliza el corazón, pero fue la única manera de lograr despertar algo. Luego salió y fue a la habitación para vestirse, Artemis fue en busca de su toalla para darse un baño.
Minutos más tarde se encontraban en la mesa desayunando, Chris estaba algo callado.
—Te haré un café para que te lleves a clases— le dijo Artemis.
—Estaré bien— dijo el Omega—. Sólo dormí poco.
—Creo que te estás preocupando más de la cuenta— le dijo el pelirrojo—. Deja de pensar en lo que hiciste ayer, hoy es un nuevo día.
Christopher miró a su amigo y sonrió, el pelirrojo tenía razón y no había mucho que hacer. De todas maneras Darien entendería que sólo había sido un arranque de hormonas, pensándolo mejor eso no se escuchó bien. Terminaron de desayunar. Mientras el castaño lavaba las tazas su amigo le hizo un café cargado en un termo. Terminaron de ordenar, lavaron sus dientes y salieron del dormitorio con sus mochilas, fueron al ascensor y bajaron. El Omega se alegraba de no haberse encontrado con Darien.
—Espero que hoy sea un día más tranquilo— le dijo Chris a su amigo.
—Lo haremos tranquilo— le sonrió Artemis.
Continuaron su camino al edificio de la universidad, mientras hablaban fueron interrumpidos por un par de chicos.
—¡Hola!— les saludó León, a su lado Camilo les sonrió.
—Hola— saludaron Chris y Artemis.
—¿Cómo están para hoy?— les preguntó León.
—Molidos— le dijo el Omega—. Anoche apenas dormí.
El pelinegro lo miró y le regaló una sonrisa.
—Ánimo— le dijo León.
Finalmente llegaron a su salón de clases, fueron a sus asientos mientras el profesor cerraba la puerta. Después de las tediosas clases de la mañana el timbre del receso sonó, Chris y Artemis guardaron sus cosas para salir a almorzar.
—Chicos, ¿quieren comer con nosotros?— les preguntó León al par de amigos.
—Claro— dijo Chris. El chico se había quedado dormido tarde pensando en muchas cosas, y una de ellas era olvidarse de esas extrañas sensaciones que le hacía sentir Darien y alejarse como le recomendó Artemis. La compañía de aquellos Alfas era agradable, al menos si estaban con León y Camilo tal vez los tres mosqueteros no se acercarían.
Salieron del salón y fueron hacia el comedor, León no perdió oportunidad de conversar con Christopher, y el castaño no tenía problemas en responderle a su compañero.
—¿Tienes pareja Chris?— le preguntó León.
—¿Te refieres al Compromiso por Contrato?— le dijo el castaño, su compañero asintió—. Yo aún no, soy el menor de la familia y se enfocaron en mi hermana mayor.
—Ya veo— dijo León.
Llegaron al comedor y fueron por sus almuerzos, luego se dirigieron en busca de una mesa. Hallaron una al fondo y se sentaron.
—Hola a todos— saludaron de pronto, eran Darien y Lucas ambos llevaban sus almuerzos.
—Hola— saludaron todos.
—¿Nos podemos sentar?— preguntó Lucas con una amable sonrisa.
—Claro— le dijo Artemis, respondiendo también con una sonrisa. No sabía que era pero le agradaba el presidente del centro estudiantil, de pronto miró a su amigo frente a él y recordó el asunto con Darien. Se sintió pésimo por olvidar los sentimientos del castaño.
Chris estaba callado con los ojos sobre su plato pues Darien se había sentado a su lado derecho, ya que en el izquierdo tenía a León.
—¿No han venido a molestarlos Jake y los otros dos?— le preguntó Lucas a Artemis.
—No los hemos visto— le dijo el pelirrojo—. Salimos del salón con León y Camilo, tal vez por eso no se nos acercaron.
Darien miró a Christopher, lo sintió extraño.
—Por la tarde podríamos trabajar juntos— le dijo León al castaño.
Chris espabiló y miró a su compañero.
—El otro día trabajamos juntos, fuiste rudo, pero estuvo bien— le dijo el Christopher.
—Te prometo que está vez seré bueno— le dijo León con una dulce sonrisa.
Chris le sonrió tímidamente y aceptó trabajar con el pelinegro en los entrenamientos de la tarde. Darien miró con mala cara a ese Alfa de primero, estaba muy seguro que tenía serias intenciones con el Omega.
Después de comer los seis salieron hacia el patio, Lucas y Darien se despidieron hasta más tarde pues aún les quedaban algunas cosas por hacer. León y Camilo se quedaron con Chris y Artemis descansando antes de iniciar con lo de la tarde.
—¿Qué haremos este fin de semana?— preguntó Camilo a su amigo—. Los de primer año no podemos salir de la universidad.
—Creí que todos se quedaban aquí— le dijo Chris al pelinegro.
—No, sólo los alumnos de primero no pueden salir. Cuando pasas a segundo año tienes los fines de semana libres, y también los días festivos— le explicó Camilo.
—Ya veo.
—Creo que dormiré todo el día, seguramente terminaré la semana todo molido— dijo Artemis.
—Me parece buena idea— le sonrió Christopher a su amigo—. Yo también estoy cansado.
—Pero te he visto quedarte entrenando estos días con Darien— le dijo León al Omega.
El chico se tensó inconscientemente con sólo escuchar el nombre de ese Alfa.
—Darien se ofreció a ayudarme para aprender defensa— le dijo Chris—. Después de todo es el mejor en la universidad.
León hizo un mohín pero no dijo nada, había escuchado suficiente de lo buen luchador que era Darien. Se podía decir que era todo un Alfa real. Finalmente el timbre de inicio de clases sonó y los alumnos comenzaron a ingresar para continuar con los entrenamientos de la tarde. Antes de ir al complejo fueron a los dormitorios para cambiarse de ropa.
Tristán daba nuevamente la bienvenida a los alumnos y explicaba los ejercicios que harían en pareja. León estaba al lado de Christopher, el castaño trataba de concentrarse en las palabras del profesor pero no podía. Sentía que era observado a lo lejos, buscó con la mirada encontrándose con los profundos verdes de Darien, regresó de inmediato la vista hacia el profesor.
—Bien, formen parejas y hagan los ejercicios— les ordenó el mayor.
Los alumnos hicieron caso y comenzaron con los pesados entrenamientos. Pasaron las largas horas y durante todo ese tiempo los ojos de Darien estuvieron sobre Christopher. El Omega estuvo intranquilo por aquello, tal vez el cenizo quería hablarle del beso que le había dado, después de todo salió huyendo sin escuchar respuesta. Un simple lo siento no era muy válido, y debía mínimo darle una explicación coherente.
Después de finalizar los entrenamientos, los alumnos comenzaron a retirarse.
—¿Irás a cenar?— le preguntó León al Omega.
—No, yo.
—Chris— la voz de Darien se escuchó desde atrás, el castaño se dio vuelta para verlo—. ¿Vamos a entrenar?— preguntó con voz suave.
El chico asintió, sin decir nada se alejó de León y fue con el mayor. Artemis miró a su amigo, pero prefirió guardar silencio después de todo tal vez debían aclarar el asunto del beso.
Una vez se fueron todos, Christopher y Darien se sentaron en medio del complejo para resolver o al menos aclarar lo que había pasado.
—Chris, yo.
—Lo siento— le dijo el castaño sin mirarlo—. Sinceramente no soy así, no sé que me pasó. Es primera vez que tengo esa reacción frente a un Alfa de esa manera. De verdad lo lamento.
Darien se acercó sólo un poco para que el chico no se sintiera invadido.
—No tengo nada que disculparte— le dijo el cenizo mirándolo. Chris levantó la vista—. Si no hubieses huido, te habría respondido el beso.
El Omega sintió que sus mejillas explotaban de rojo, no se esperaba que Darien le dijese eso. Luego recordó las palabras de su amigo, debía frenar aquellos extraños sentimientos.
—No volverá a suceder— le dijo Chris con voz segura, lo miró a los ojos—. Tú ya tienes un compromiso de matrimonio, y yo debo buscarme a una Alfa o Beta que quiera ser mi esposa.
Darien frunció el ceño, pues sabía que el Omega le estaba mintiendo, lo sentía y era la primera vez que tenía esa conexión con alguien.
—¿Por qué tiene que ser una mujer?. Además, hablas como si supieras como me siento— le dijo el Alfa—. Yo no quiero un compromiso por contrato, quiero amar libremente.
—Sabes que no podemos, tenemos que seguir con las leyes de nuestras familias— dijo Chris.
—La mafia— dijo Darien molesto—. Odio pertenecer a ellos, haber nacido en esta maldita cuna.
—No puedo decir lo mismo— le dijo el castaño—. Yo soy agradecido de haber nacido en su cuna, o sería peor mí suerte como Omega.
El cenizo miró al chico y suspiró.
—Entiendo que lo ves por ese lado— dijo Darien—. Pero de alguna manera tú vida les pertenece a ellos. Nuestras familias hacen convenios con sus hijos como si fuéramos cosas.
—No lo creo así, la mafia es como una familia grande— le dijo Chris.
—¿Has notado qué en las clases nadie sabe el apellido del otro?— le preguntó Darien haciendo recordar al Omega que los profesores siempre los llamaban por el primer nombre, asintió—. Pues bien lo hacen porque hay familias con grandes rivalidades, sí aquí en la universidad supieran sus apellidos esto sería un campo de sangre.
Christopher se quedó con la boca abierta, era por eso que sólo conocían sus nombres y estaba prohibido hablar de sus familias. Ahí simplemente eran alumnos que iban a clases y a entrenar.
—Bueno, como sean las cosas nuestro destino ya está escrito— le dijo Chris.
—Por ellos está escrito— dijo Darien acercándose más—. Pero nosotros podemos escribir nuestra propia historia.
Christopher lo quedó mirando, hizo el amague de retroceder pero su cuerpo no respondió.
—Creo que será mejor dejar esto hasta aquí— le dijo el castaño—. Olvidemonos de esto.
Darien lo tomó de las manos dejando sorprendido al chico.
—Yo no quiero dejar pasar esto Chris, es primera vez que me siento así con un Omega. ¿Y sí somos parejas destinadas?.
El castaño sacó rápidamente sus manos soltando el agarre.
—Aunque lo seamos, no podemos hacer nada.
—Te equivocas— le dijo Darien tomando del rostro a Chris—. Yo no me daré por vencido.
El Omega no sabía que pensar y menos como actuar, se sentía perdido por los hermosos ojos del Alfa. Era como si una conexión invisible comenzara a atraerlos, como una luna orbitando su planeta. Y fue así que ambos se dejaron guiar por la gravedad y terminaron uniendo sus labios en un tímido pero cálido beso.
La mente de Christopher se elevó pensando en una y mil cosas, pero se sentía de cierta manera completo. Aunque las palabras de su amigo volvían a su cabeza, no quizo retroceder, sabía que Artemis lo iba a reprender por esto. ¿Qué más podía hacer?, realmente se sentía perdido por ese Alfa.
Luego de largos segundos se separaron haciendo que sus miradas chocaran, las mejillas de Chris estaban completamente rojas.
—¿Nos daremos una oportunidad?— le preguntó Darien con tono suave.
—¿Te das cuenta de lo qué me estás pidiendo?— le dijo Christopher—. Nuestras familias no lo permitirán.
—Ya no somos niños Chris, yo no les tengo miedo a mis padres— dijo el Alfa con tono seguro.
El Omega se quedó en silencio por largos segundos pensando en que hacer, después de todo Darien tenía razón de cierta forma, ellos ya eran adultos que podían tomar sus propias desiciones. Asustado por lo que dirían, pero con su corazón claro, aceptó comenzar un idilio sin saber las consecuencias.