Capítulo XXXIII

1461 Palabras

Una vez más dejaron a Dante acercarse a la fuente pero más ángeles rodeaban esta para que nadie intentara meterse en ella. En especial él sin embargo no lo intentó. Sabía que sería una completa perdida de tiempo y ya había pasado suficientes días sin poder ver a Adiari. Eso se sentía como una tortura. Ahora que la veía por medio de la fuente su alma se relajó un poco y su corazón estuvo en una especie de paz. La amaba tanto que dolía estar lejos de ella. Era tan hermosa ahí dormida. Fue inevitable para él no introducir su manos en el agua y finalmente pudo acariciar su cálida mejillas ocasionando que su corazón saltara de la emoción que sintió. — ¡Jerathel! —le gruñó Suriel pero él no prestó atención. Su visión, mente y ser estaban a kilómetros del cielo, en la tierra y ahora que

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